EPÍLOGO

Pasados algo más de dos meses desde que dejé de escribir en este diario, estoy seguro de que ya no tengo nada más que decir.  

Tampoco es que fuera extraordinario el texto que contiene el diario como para culminarlo con un epílogo. Es tan normal como el diario de bitácora de un barco a la deriva o como un periódico que se llamara la Voz del Pueblo; nada relevante. Tal vez algún destello casual, como el reflejo del sol en un disco compacto – ¿Os habéis detenido alguna vez a observar el caleidoscopio que produce uno de estos discos al reflejar la luz sobre el techo?-. Pero salvo algún acierto formal, propio de un mal poeta prolífico, poco más hay de salvable en este diario.

Para mí, sin embargo, escribir este diario ha sido un hecho fundamental de mi vida. Tal vez la mayor transcendencia de una obra, sea cual sea, es la experiencia vivida por su autor al crearla.

Los blogs son la expresión máxima de nuestra época: especulación, libertad de expresión, ansia de seguidores y fugacidad. Esta es la esencia. Lo que condensaron los papeles que devoró el fuego al final de una vida, se escribe ahora en una nada sin dueño.

Después de todo no está tan mal. Empecé el diario al descubrir la fascinación de compartir pensamientos con personajes afamados y semidiosas. Pero salvada la distancia se pierde la fe en lo que es más humano que divino. Pasada la fascinación se mantuvo la manía, la pulsión, de poder gritarle al falso ídolo que era de barro quebradizo. Mientras este Diario se convertía en lugar de disidencia para unos pocos.

Como una carta más del destino, jugada por Quien lo baraja, en este blog recaló la amistad de las personas que más aprecio. Almas que han transcendido la dimensión efímera del Diario para proyectarse en mi eternidad.

Sigo perdido en el Laberinto, pero ahora no me siento tan solo.

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RUNNING ¿NOS HEMOS VUELTO LOCOS?

Más bien nos han enloquecido, inculcándonos un miedo mayor a la enfermedad, la vejez y la fealdad; un “buen propósito” del que cuando se toma conciencia nos sentimos fácilmente transgresores. Las consecuencias de lograr una vida sana tienen en la actualidad algunas manifestaciones cuestionables, desde un punto de vista estético y de conservación de la salud.

Está cada vez más extendido el miedo a que se nos acuse en los cementerios de haber llevado una mala conducta. Para muchos el epitafio más oportuno sería algo así como: No fumé, no bebí, no comí grasas, practiqué sexo sano y ejercicio cinco veces a la semana; pero ya ven, aquí yazgo a mi pesar.

Como siempre en el principio está la palabra, el lenguaje. Correr era un verbo demasiado sencillo, debía ser actualizado con un anglicismo: running. Sus practicantes ya no son corredores, sino runners. En los ochenta fue el jogging, ahora es el running, parece que es lo mismo pero digo yo que en algo se diferenciarán para tener nombres distintos.

Las consecuencias de esta manía por una vida “sana” alcanzan un grado de compulsión colectiva en los grandes almacenes de material deportivo y en las carreras populares. Resulta increíble ver en los establecimientos especializados larguísimas colas de personas cargadas con los pertrechos más sofisticados para “experimentar” un nuevo deporte o dar empaque de cosa sofisticada a algo tan sencillo como caminar por la sierra. Pertrechos y máquinas que harán necesaria una vivienda más amplia para guardarlos sin ser usados.

Miro las imágenes en blanco y negro de excursionistas y arqueólogos de principios del siglo XX y me llama la atención cómo visten su ropa informal de diario y sostienen entre sus manos el cayado hecho con una buena rama hallada junto al camino. Hoy formarían parte del aumento en el  porcentaje de ventas de varias marcas de material deportivo.

Parece que hubiera un gran observatorio localizando las cosas sencillas de la vida que pueden ser complicadas para alimentar nuevas demandas comerciales: Hombre a la vista que simplemente pasea… no, no, a partir de ahora no va a pasear, va a practicar trekking y necesitará de un costoso “equipamiento técnico”.

Otra expresión llamativa de esta sociedad cuya preocupación por la salud y potencia corporal debería tener su equivalencia en lograr unas mentes lúcidas son las carreras populares. Cualquier población organiza su carrera y convoca a un millar de participantes, quienes acuden con diverso propósito: están los competitivos que buscan hacer la mejor marca, los lúdico festivos, que acuden a pasar un rato divertido y quienes se limitan a participar como quien cumple una promesa, el desafío para un nuevo año: voy a correr una maratón, aunque pase por meta en camilla.

Debo hacer en este punto del escrito una declaración. Hace más de diez años que salgo a correr, con calor, rodeado de nieve, bajo la lluvia… Cuando alguna tendinitis me ha obligado a parar he padecido un síndrome de abstinencia parecido al que vive un yonqui con mono. Necesitaba mi dosis de ejercicio cotidiano para no deprimirme y desahogar la tensión nerviosa acumulada en el día a día.

Estas últimas semanas he participado por primera vez en carreras populares y la experiencia me ha llevado en cierto modo a escribir este post.

La primera consideración da título a esta entrada: “¿Nos hemos vuelto locos?” ¿Qué hacemos varios centenares de personas corriendo como posesos por las calles tranquilas de un pueblo? La mayoría nos “picamos” y llevamos el pulsómetro al ciento dos por cien. Muchos parecen disfrutar exhibiéndose con los atuendos más llamativos –buen motivo para que las mujeres corran más raudo; si por ellas fuera, en dirección contraria- , otros son corredores ascetas semidesnudos, con semblantes concentrados. Yo mientras corro y observo el espectáculo reparo en que sano, lo que se dice sano, no puede ser el apuro de intentar ir cada vez más rápido mientras se va fatigando el cuerpo. Oigo un fuerte jadeo que se acerca, los golpes de malas pisadas, otro loco que adelanta… para detenerse a vomitar. Al llegar a la meta empiezan a lloverte los botellines, frutas y galletas mientras buscas un lugar donde poder respirar sin el cerco de tanta gente. He hecho un buen tiempo… pero observo que quienes entran en los últimos grupos tienen un semblante más alegre y distendido.

Más allá de esta visión crítica, que es la que hago habitualmente, en una concentración deportiva con más participantes que espectadores se descubren lecciones para la vida y destellos de belleza singulares.

La primera de ellas es el valor del esfuerzo. Del esfuerzo auténtico, no aparente, que no necesita de tribunales de calificación ni de juicios de valor; del esfuerzo en soledad, batiéndose la marca que uno mismo se pone. Merecen especial consideración las actitudes heroicas de padres que empujan la silla de su hijo minusválido, de los corredores que se valen de una prótesis al carecer de una pierna y de corredores anónimos que han superado enfermedades letales y desafían a su destino en la velocidad de sus zancadas.

Se aprecia la belleza de la salud como una forma de vida más que como una apariencia y la juventud más allá de los años, como atributo permanente del ser. Ancianos enjutos de cabellera blanca que parecen dioses olímpicos, jóvenes venus de cuerpo torneado y melenas onduladas y efebos de musculosa arrogancia, todos en procesión trepidante bajo el sol del Mediterráneo. La imagen estalla en autenticidad, en sacrificio, en símbolo de la lucha del vivir. Ahí esta la grandeza de esta locura, perversamente inculcada, que alimenta sueños de libertad en la cárcel confortable y angustiosa de nuestro tiempo.

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BROCHE PARA UNA CADENA ABIERTA

En ocasiones una comparación fácil puede forzar una idea, de modo que la imagen preferida para transmitir su sentido sea poco adecuada, desvirtuando el pensamiento original.  La ocurrencia lógica de rematar una serie de eslabones con un broche puede ser uno de estos casos.

He ido dando vueltas a la figura del broche como recurso para representar un breve epílogo a los textos que se han publicado en las últimas semanas y el único sentido que lo hacía apropiado era el de la expresión “poner el broche”.

Sin embargo el broche se me figura como un elemento que interrumpe la concatenación entre eslabones, convirtiendo el eterno retorno de la cadena cerrada en un cordón, una línea, con un principio y un fin, que no se unen salvo por la sencilla pieza que los enlaza.

La cadena sin broche es una cadena definitiva, inmutable. Para llevarla hay que acachar muchas veces la cabeza, humillándose ante quien nos la impone o permaneciendo sedente mientras el otro, subordinado, permanece en pie. Ya digo que el análisis de la imagen del broche puede dar mucho de sí: el broche como posibilidad de liberarse, o su ausencia como símbolo de una esclavitud, más probablemente de una fidelidad sin término.

Pero el broche real a cada una de las cinco entradas que formaron la cadena lo habéis puesto vosotros con vuestros comentarios. Esta entrada pretende ser un pequeño agradecimiento, insuficiente, por las aportaciones que con impagable dedicación habéis hecho a cada texto. He seleccionado algunas de las frases más significativas; aparecen a continuación por el orden alfabético de la inicial del nombre de sus autores.

Elisa nos ha dejado escritas auténticas maravillas. De sus textos destaco las siguientes palabras:

Los animales son capaces de demostrar amor y otros estados afectivos en estado puro, como amistad, temor, sorpresa o gratitud, sin las dobleces que genera la capacidad de juicio.

 

La espiritualidad, es lo más característico del hombre: lo que le hace persona, capaz de amar y de ser feliz, partícipe de la naturaleza divina, sujeto irrepetible e insustituible que es objeto directo del amor divino.

 

El amor es lo que hace que el viaje por la inmensidad del mundo en donde no somos casi nada mientras llega la muerte, merezca la pena

 

Al escribir, uno imagina al receptor de sus confidencias del modo que le conviene.

 

 La cuaresma es tiempo de buscar el recogimiento que nos permita oír a Dios, es tiempo de ser más hombres y menos masa.

 

Nuestras almas están aturdidas de comodidad, saturadas de cosas, de egoísmo, de avaricia y soberbia. La masificación y la globalización le han dado un toque de monotonía y rutina a los días, como si supiéramos que mañana no pasará nada fuera de lo normal… con el tiempo nuestra capacidad de asombro se difumina en el olvido de lo que verdaderamente importa: el Amor. La vida debería ser un constante enamoramiento.

 

Invitados por Elisa hemos contado con la presencia de autores esenciales

 

Viktor Frankl  “Quien encuentra en su vida un para qué, siempre encuentra el cómo”

 

San Agustín    “La oración es la fortaleza del hombre y la debilidad de Dios”

 

Mario Benedettí    “…Sé que voy a quererte sin preguntas, sé que vas a quererme sin respuestas”

 

El avatar del amigo Espectro nos hizo la siguiente reflexión, que traduzco al castellano, espero que con su permiso.

Es complejo hablar de cosas “no tangibles”. Hablar de espiritualidad, del alma, del viento o de los propios sentimientos, no es fácil encontrarlo en la gente. Cada vez pienso más en que la gente tiene ese estado del alma “dormido”.  

 

Susana compartió con nosotros esta sentencia luminosa y esperanzadora.

La imaginación es el poder más grande del hombre.

 

Mi querido pensador Tao-ré reflexionó sobre mis palabras dándoles mayor contraste y plenitud de sentido, para otras formas de entender que no son las mías.

¿Acaso no es verdad que muchas de las relaciones entre hombre y mujer se reducen a ofrecer “cariño por un poco de pienso y caricias”?

 

Bien asentados en nuestro cuerpo, aceptando su naturaleza intrínseca y satisfaciendo sus necesidades básicas como parte de un ritual sagrado, este deja de ser una pesada carga para convertirse en una bella ermita en la que rendir culto a la Vida. 

 

Cuando acepto la realidad tal como se me ofrece, siento que las creencias están de más.

 

Nacemos en la pobreza, con la humildad, despojados de todo orgullo inculcado, pero también de todo ridículo inculcado.


Yaw Kutur, contador en poesía de los cielos e infiernos de nuestras vidas, nos regaló estos momentos de hondura.

Para mí la vida no deja de ser un viaje transcultural, un viaje de signos, un paseo maravilloso si lo sabes digerir.

 

No hay nada más sagrado que el interior de uno mismo y, nada más difícil que hallar ese interior.

 

¿No serán los bloggers herramientas de nuestra imaginación?

 

Es en la magia donde percibo lo necesario para existir.

 

El blog como muro de las lamentaciones, como espejo retrovisor, como misiva al viento, como conversación amiga.

 

En fin, con esta última pieza se termina la cadena abierta a la que la vida irá sumando nuevos eslabones. Se intuye la primavera cercana, la Pascua Florida; va siendo hora de amagar lo sagrado y, en la intimidad, vivir este tiempo para el examen y la oración. ¡Qué difícil es acallar el bullicio de la mente!

La gratitud que siento desborda el reducido continente de una palabra: gracias. Gracias de corazón a todos por vuestros ánimos y vuestros comentarios.

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CINCO ESLABONES: V- EL CRISOL DE LA FANTASÍA

Veo en el espejo la figura desnuda de una criatura; un mamífero bípedo, con la piel descubierta de un pelo que se concentra en los rincones de los miembros y sobre su cabeza enhiesta, rasgo que hace más ridículo al animal erguido ante la luna de azogue. La fría distancia deja verme en la pobreza, la humildad, con la que nací; despojado de todo orgullo inculcado.

Una joya discreta brilla sobre el cuerpo, una cadena de cinco eslabones, que dan sentido al ser que contemplo con extrañeza. La cadena ha ido enlazando los sentimientos e ideas que confieren a mis días un sentido de transcendencia, un vínculo amoroso con la Vida.

He reparado en los montes, como rasgos de un ser vivo que me guarda la memoria y la gravedad de sentir la tierra; en la grandeza que tiene una semilla y la insignificancia de los gigantes sin alma; en los espacios donde siento vivas las almas que me precedieron y el aliento del Padre de todos. Por último añadí el eslabón de saber mirar como un niño para descubrir el sentido de lo insignificante. Ahora cierro un quinto eslabón, el de este teatro en sesión permanente que es el ciberespacio.

Internet es un extraño crisol que extrae la mejor esencia de los actores de reparto en la gran escena de la vida, poniendo en evidencia la falta de sustancia de muchos de sus protagonistas.

Un crisol sobre el fuego vivo de la fantasía que fecunda el mundo.

La necesidad de huir de la desesperación, de una rutina dolorosa, me lanzó al sueño de mantener extraños diálogos con el silencio mediante correos sin respuesta; confundido al creer que un maniquí era un personaje.  No digo ya una persona.

En la red todos somos el gran dramaturgo que inventa el personaje mejor caracterizado para narrar la historia de nuestras vidas. En un acto poético que proyecta nuestro espíritu más allá de la definición de nuestro mundo real. Tal vez en la interpretación del ángel que vamos gestando a lo largo de la vida.

El peligro del ciberespacio está en la desaparición de la cuarta pared que separa el escenario de la platea. Al fin y al cabo la famosa innovación de 2.0 es la desaparición de esta “barrera”. Podemos terminar poseídos por el personaje que encarnamos en la obra que se nos ofrece, perdiendo la noción de la realidad, del mundo sobre el que se trabaja por un pedazo de pan. Podemos creer que la vida son las ocurrencias de los mensajes de Twitter y la libertad la posibilidad de decir lo que queramos a quien ni en el mejor de los sueños podríamos conocer. Tal vez sin en un tiempo la religión fue acusada de ser el opio del pueblo, agente alienante de la verdadera conciencia individual y de clase, en el presente las redes sociales, que parecen haber terminado con la estratificación vertical de la sociedad, deberían ser objeto de prevención. No sólo por la evidente función que tienen de máquina de diagnóstico social para provecho de las estructuras de poder.

Sin embargo, en este teatro de la Red que es un trasunto de la vida,  hacen aparición almas buenas, ángeles por alumbrar, como los haces de una luz que furtiva baña en su resplandor mi día y la ilusión por el mañana; haciendo brotar nuevas palabras para la Vida.

 

 

TEXTO ILUSTRATIVO DE LA CORRESPONDENCIA CON UN MANIQUÍ DE CARTÓN PIEDRA QUE FIGURA  SER MADAME CHAUCHAT personaje de la obra La Montaña Mágica de Thomas Mann. 

Primera carta

Hola Madame Chauchat

Llevo un tiempo enganchado a tu blog. Es un mal síntoma de la época que estoy atravesando, como una manía que me descentra, tal vez como una escapatoria a la conciencia de estar perdiendo los días. Me falta el momento para dejar un comentario en tus posts… como una acción compulsiva que interrumpe la rutina. Peor todavía ha sido retomar El Diario del Laberinto, llevado por la misma ilusión de imaginar un mundo virtual más amable, más sensible que el real. A veces el desengaño llega de forma muy sencilla… La frialdad siempre despierta la razón que se había sofocado con ensoñaciones románticas.

Te escribo como el fonambulista que cruza sobre el vacío preguntándose si alcanzará el otro cabo de la cuerda floja o caerá a la lona. Preguntándome si acabo de perder de todo el sentido común, convertido en un Quijote extraviado, o si es mejor vivir en la fantasía que en la dura realidad. Demasiada letra para una finalidad concreta y mundana: pedirte un consejo.

Madame Chauchat, tú que eres persona de mundo, y vives en el mundo… pensarás que todos vivimos en el mundo; pero algunos todavía no ¿Qué se puede hacer para vivir libre pero sin hacer daño a nadie? ¿Cómo podría ganarme el pan sin dejar de atender a los seres queridos, a través dela Red?

¡Uff! Me siento como si te hubiera puesto una pesada piedra sobre la cabeza…

Tal vez esta semana seas la segunda persona que me descubra que ando con la razón perdida.

Ya no sé si darte las gracias por alimentar con tu blog mi mundo imaginario o terminar esta carta con un silencio

Respuesta de Madame Chauchat

Hola. Muchas gracias por abrir tu corazón de una manera tan sincera y poéticamente escrita. Todo un regalo para mis ojos leer tus líneas de preguntas sin respuestas lógicas y sueños invisibles. Estoy con un gripazo horrible, fiebron anginas y tos, el pack completo.. Por favor dame unos días hasta aue se me pase para contestar un Mail que merece ser contestado con coherencia y dedicación.

Mil besos

Réplica

Siento mucho que estés pasando un catarro y más con estos días de tanto frío. Mejórate pronto.

Llevaba dos días sin encender el ordenador, con la voluntad de vivir más con los pies en tierra y con el miedo de no recibir tu respuesta o que ésta fuera fría y automática… pero ahora, te va a sonar cursi, mis ojos están un poco como si acabara de llover… Muchas gracias, de corazón.

Cualquier palabra tuya es muy importante para mí, pero no quisiera ser motivo de molestia, escribe cuando puedas y te apetezca… te parecerá exagerado, pero el detalle de contestar a una carta tan extraña ya es para mí lo mejor que podía esperar

Silencio

Segunda carta

Escribo al vacío, como si dejara caer mis palabras en un abismo cuyo fondo sólo puedo imaginar. Como si estuviera perdido intento mirar con la intuición. Todo es tan confuso.

En las tinieblas de la nada un grito se acalla sin eco. La vieja luz de una estrella no llega a iluminarlas. Vemos el punto brillante en el frío azur del zenit, cerca de ella, en su galaxia,  hay calor, hay luz cegadora. Millones de años-luz la convierten en el zafiro que centellea sobre el telón de la noche. Pero mirando las estrellas soñamos, ocultos al Sol que nos desvela el día con crudeza.

Así se me pasan los días. Hace un tiempo la estrella fue un rubí, ahora es un zafiro. Mi piel nunca sintió la cálida luz que hace brotar la vida.

Mi estrella de zafiro, centelleante, fría y lejana, eres una ilusión que alimenta mi poesía. El sentir de este marqués de Bradomín que vive agarrado a un catalejo de lentes coloridas para escrutar su alma sin abrir el corazón. Un marqués de Bradomín, “sentimental, católico y feo” que se ve reflejado en las aguas de estos correos como un loco ridículo, cómico y ordinario.

Silencio

Silencio eterno

Esta semana han florecido los campos mientras mis sentidos andaban perdidos en el sueño del ciberespacio.

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CINCO ESLABONES: IV – SÓLO PARA NIÑOS

El sol de la tarde ilumina el asfalto; sobre su resplandor corretea con pequeños saltos un pajarillo. Un niño sonríe mirándolo.

En el tiempo de quienes tenemos una vida corriente, los días se pasan con la sensación de un eterno retorno al punto de partida en el laberinto. A veces una mirada a lo más insignificante, lo más pequeño, de nuestra rutina, se transforma en una puerta a la dimensión que hace de los paisajes mínimos el lugar evocador que nos traslada a una nueva percepción de la realidad.

De niños las almohadas y sábanas en las que nos arrebujábamos se convertían en dunas y montañas; en cordilleras que impedían el ataque de los seres fantásticos de las sombras de nuestro dormitorio, siempre acompañados de los muñecos y peluches, compañeros de aventura. Con la edad la fantasía nos abandona y el presente se impone.

Sin embargo los años nos descubren pequeñas apariciones que hacen la vida más sentida; no a través de la imaginación, sino a través de una nueva sensibilidad, diría yo, del alma. Una sensibilidad que convierte en imagen maravillosa la breve intrusión de un rayo de sol, el desfiladero entre dos puertas o la súbita presencia de una mariposa. La sensibilidad que transforma las baldosas del suelo en las piedras de un muro de las lamentaciones.

Este post es difícilmente ilustrable con imágenes, porque su sentido está en nuestra forma de mirar las cosas.

Son los paisajes mínimos en los que descubrimos nuestra cara más humilde, la más parecida a la verónica de nuestra alma. El verdadero icono que no se refleja en los ojos que escrutamos de mañana ante el espejo ni en la llama de un fuego que nos ensimisma. No son mundos imaginados, son los destellos del Amor que sólo saben ver los ojos de un niño.

Cuánta belleza guardan los templos inadvertidos de las pequeñas cosas. Una belleza tan real y evidente que las grandezas virtuales, iluminadas en las pantallas de los ordenadores, sólo pueden cobrar vida al ser imaginadas con la poesía y la fuerza que nos sorprende en un paseo de mediodía; en el acontecimiento inesperado y puro que revela lo esencial de existir.

Nuestro tiempo vive la paradoja de sufrir la peor degradación de su naturaleza en la pérdida de los olores, los aromas, los sabores… mientras que se fuerzan más las cualidades “sensacionales” de las comidas y los desodorantes. Un pan, una manzana, eran sabrosos cuando nadie se enriquecía con  la exaltación de su sabor.

La realidad ha sido cuadriculada en productos negociables; desde el tiempo al agua todo tiene ahora su medida y precio. El afán mercantil ha llegado a vender parcelas en la Luna de nuestra imaginación: videojuegos, películas… Alguien podrá alegar que antaño las novelas hicieron lo mismo; sin embargo teníamos la libertad y el poder de recrear cada personaje en nuestra fantasía individual. Así como uno de los mayores dones de la infancia es el poder creativo de atribuir un carácter,  un ánima,  a las cosas.

Estropeado el mundo real y pervertido, si no sofocado, el de la imaginación, vivimos dominados por un deseo de sensaciones que nunca se satisface.

Una sonrisa amanece en mis labios mientras contemplo un pequeño gorrión que salta sobre el Sol.

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CINCO ESLABONES: III- LAS PIEDRAS DE NUESTRAS ALMAS

Un espacio para orar, sin puertas, desnudo de ornamentos, apenas la paloma del Espíritu Santo silueteada sobre la blancura de un altar encalado. Dos pequeños nichos horadan los muros laterales; en su interior se acumulan viejas fotografías estropeadas por el tiempo, recordatorios de los seres amados. La ermita es un escenario sagrado, improvisado por personas que si fueran preguntadas acerca de sus actos posiblemente optaran por el silencio. Pero ahí está, visible, la esencia de la religión. La esencia humana que nos comunica con lo transcendente y con la verdad que habita en nosotros mismos.

Las palabras del diálogo se materializan en las llamas del velatorio que humea en un rincón, en cuartillas plegadas diez veces, quizá para atesorar la frase que quedó sin decir en el tiempo de compartir la vida. Sacramentos secretos de quienes acuden a la ermita, en la cumbre, junto a la gran cruz, y comparten el espíritu del eremita que en un tiempo, que era otro mundo, se retiró a aquel andurrial, mirador de la Creación.

La ermita ha sido reconstruida por voluntarios, sin otro medio que sus fuerzas.

Muchas de estas casas de silencio están habitadas por las sombras de unas puertas cerradas. Sólo en días de fiesta, en contadas ocasiones, la clausura es levantada, pero entonces, llenas de romeros y curiosos, el ambiente no es propicio para orar.

La mayoría de las ermitas y santuarios fueron construidos en lugares cuyo enclave posee una fuerza extraordinaria, sobrenatural para el creyente y debida a fuerzas telúricas para quien mira las cosas desde la ciencia. Fuerzas que son el origen de los antiguos santuarios paganos  convertidos en templos cristianos.

Sucede a veces que alguna de estas edificaciones pierde su uso religioso y se desacraliza para albergar otras funciones. La fuerza espiritual ha impregnado el espacio y cada una de las piedras que lo encierran. La devoción de generaciones enteras de fieles que durante siglos oraron allí han “cargado” de energía el lugar y un ritual nunca puede eliminar el sentido sagrado que lo ha habitado.

Sin electricidad, sin cables, las pequeñas ermitas de algunas aldeas nos trasladan a la espiritualidad de antaño.

Nuestras almas hallan en esta vida unos lugares, en cada etapa del paso por el existir, que las elevan hacia lo eterno y alivian la pesadez de ser mortales. Espacios que “sacralizamos” con nuestra oración. No son siempre edificios bellos o paisajes insólitos, puede ser la sala de espera de un hospital en la madrugada, una cafetería recién abierta por cuyos ventanales entra el primer rayo de sol o una piscina cubierta de extraña luminosidad.

El controvertido personaje, apóstol de Cristo, que es Pablo, tal vez el primer blogger de todos los tiempos, nos enseñó que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Nuestras vidas tienen un halo sagrado que se proyecta allí donde entramos en comunión con Aquel cuyo nombre es tantas veces sinónimo de silencio. Para muchos esta comunión es una experiencia imaginaria, como la de vivir el amor platónico por una desconocida.

Quién sabe si nuestra imaginación es una linterna que ilumina, haciendo realidad, el mundo en sombras del juicio de la razón.

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CINCO ESLABONES: II – ZOOM

En la lejanía la cruz siluetea gráficamente sobre el plano azul del cielo. Ha presidido toda mi vida, desde la altura del monte que corona. A esta cruz oraba mi padre desde el salón de nuestra casa, a ella sigo haciéndolo yo en mis derivas por las calles de la ciudad.

Esta cruz, minúscula en el paisaje, se transforma con la cercanía en un ingenio mecánico, una trama de travesaños y largueros de hierro que forman una celosía, como la de cualquier poste de un tendido eléctrico. El zoom de nuestra distancia convierte el objeto enfocado en un signo transcendente o en una construcción carente de función y estética.

Del mismo modo ocurre con las personas. Se intuyen en la lejanía, cargadas del espíritu que nos hace humanos; les atribuimos los valores que deseamos hacer reales para convertirlas en referentes y personajes de nuestro drama particular, nuestra escena vital. Transformamos en ángeles los seres virtuales, en un proceso extraño al que Eugeni d’Ors planteaba en su Angeología: “Vivir es gestar un ángel para alumbrarlo en la eternidad”. Hoy concebimos ángeles para superar nuestras vidas mortales, ángeles desalados, incapaces de volar en lo eterno.  Crecen como una  ilusión óptica, pero pierden, al ser tocados, el valor que irradiaban en la distancia.

Mientras se asciende a la cima sobre la que despunta la cruz de hierro ésta permanece oculta. La senda se pierde sobre los lomos de las rocas, sólo la ausencia de vegetación en algunos puntos indica el camino a seguir. Al llegar a la cumbre la gran construcción surge a la vista. Extraña, silenciosa y brillante, sobre un gran pedestal de sillería.

En el mismo lugar se erige una pequeña ermita sobre cuya portada se alza una segunda cruz, humilde, de madera, comprensible en los ojos del caminante. Es la verdadera cruz. La que en la historia hubo que ir reponiendo, la que derribó el tiempo con sus tempestades, el rayo de los ilustrados y el ladrón sacrílego.

La gigantesca cruz, a la que se reza desde la lejanía, es la señal para saber dónde buscar  la cruz de la ermita, la Santa Cruz perdida en Palestina, para hallar nuestra esperanza… en el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo.

Quizá algunas personas sean como la gran cruz, signos de grandes valores, que alimentan ese ángel que alumbraremos en la eternidad, o tal vez sean enormes construcciones de hierro, torres de Eiffel, desposeídas de una humilde ermita que las haga tener sentido.

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CINCO ESLABONES: I- LOS MONTES SAGRADOS

Algunas etapas de nuestras vidas están formadas por la sucesión de días transparentes; ligeramente coloreados por hechos cotidianos. Es la transparencia de una vida corriente. Sin embargo, sobre este fluir manso y sordo de una vida sin grandes acontecimientos se siente la vibración de nuestra existencia en las pequeñas maravillas intuidas en los momentos en que se alcanza la lucidez de poder mirar con clara atención.

Estas miradas atentas al mundo que nos rodea, a esos pequeños mundos en que transcurrimos, nos descubren la vida más cercana a un ideal de verdad.

El ámbito de este mundo que es el escenario de mis días cierra sus horizontes con escarpadas laderas que ascienden, jalonadas por roquedales y negros pinares, hasta formar una línea quebrada que separa el cielo de este infierno ocasional que es la tierra de mi país.

Los panoramas a la vista son para muchos el rostro de la Naturaleza, cierto, pero, perdidos entre los rasgos de esa cara muerta en la lejanía, los hombres hemos bendecido con lágrimas de emoción y pena más de un rincón, hemos sacralizado su tierra con los seres queridos y hemos convertido en altar de nuestra oración el paisaje que nos sobrecoge.

Son los paisajes entrañables de cada uno de nosotros, de cada familia, de cada pueblo. Los lugares donde se alzan ermitas y santuarios, donde se refugian los huidos de la sordidez. Cada uno de los montes que me rodean tiene su lugar sagrado, alguno varios siglos anterior a la venida de Cristo.

En las faldas de uno de estos montes se ha formado en los últimos años el bello cementerio de los seres queridos que no fueron personas. Sus pequeñas tumbas muestran cruces y versos sencillos llenos de emoción. Una senda escala sobre las rocas hasta llegar a este rincón que simboliza cuánto amor somos capaces de sentir y la ceguera que nos separa entre nosotros. El cínico dirá que los allí enterrados mostraban cariño, nada de amor, por un poco de pienso y caricias. Tengo para mí que demostraron amor, libres del pecado original de juzgar al otro, de trabar el amor con aquello que nos enorgullece a los seres humanos: el conocimiento.

Una gran cruz corona el monte que alberga el cementerio de mascotas. No carece de sentido.

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LA PESADILLA DE UN HOMBRE: COMPRAR EN LAS REBAJAS

En términos generales la inclinación natural de los hombres a la hora de vestir tiende a la desidia y la informalidad. Hay excepciones, por supuesto. Los llamados metrosexuales tienen distintos orígenes, unos son las creaciones de señoras que no tienen suficiente con arreglarse ellas, su yorkshire y su mini y gustan de lucir sus compañeros, otros lo son como el cazador que se camufla entre las presas que pretende lograr y posiblemente otros muchos se sientan incómodos con su género e intenten matizarlo con suaves colores de estilos más sofisticados. Pero en general, salvo estos casos alegres, los hombres somos un tanto pasivos a la hora de asumir nuevos estilos de vestir y de hacer compras.

Una primera característica de esta pasividad es que compramos cuando es inminente la necesidad de la prenda. Más de una vez he comprado una camisa o unos pantalones una hora antes de asistir al evento para el que precisaba la pieza, con las molestias que implica tener que llevar un pantalón con una talla menos de cintura para que no hubiera que arreglar el largo. Durante el año vamos demorando las compras pensando en realizarlas en las temporadas de rebajas. Así que una tarde boba, de esas en las que el tiempo no acompaña y uno se siente con energías para aguantar el ejercicio que parece encantar a las mujeres, vamos a reponer el armario con la misma ilusión con que se hace cola en un supermercado.

La pesadilla para el hombre se inicia con algo que se supone debería ser amable: los dependientes. Hay de todo, como en la viña del Señor y abunda lo bueno, pero para muchos hombres el hecho de ser “tallado” como en la vieja mili es afrontar que no se es un mancebo hermoso y a veces las dependientas tienen el encanto de humillar al cliente con expresiones del tipo: ¡Hombre, con esta barriga qué quieres!

Otras veces se tropieza con un dependiente amanerado, una loca que danza y juzga sumariamente con miradas altivas y que tiene la extraña posición de hacerte sentir idiota si formulas con sencillez tu deseo: -Estoy buscando un suéter liso y de cuello semi. Su rostro se contrae como si hubieras hecho alguna alusión a su santa madre.

El calor, la iluminación deslumbrante, mujeres y hombres inclinados sobre las mesas tirando y desplegando jerseys, chaquetas y pantalones, músicas imposibles… le dejan a uno aturdido. Respiras hondo, evitas a las vendedoras… Por favor, por favor, que no me vean…y cuando consigues concentrarte en el suéter que ibas buscando, palpas el género, -Uy, qué fino- miras la etiqueta: lana italiana. Vaya, no habrá lana en otros lugares. Entonces viene la cuestión “moral”: cinco millones de parados a mi lado y voy a comprar un suéter fabricado en… ¡Bangladesh!

Si no hay más remedio tendré que renunciar a encontrar un producto nacional. Mal convencido me acerco con cara de doctor en materias textiles a una reponedora para preguntar: ¿Encoge mucho? Recordando los últimos jerseys de lana que compré en las rebajas de Springfield que menguaban por la riñonada y crecían por las mangas. Sospeso el suéter, noto su ligereza, sospechosa. Veredicto: prenda fabricada para las rebajas. Como en otras ocasiones me invade una súbita sensación de hastío y distancia. Dejo el suéter en el primer sitio que tengo a mano y huyo, literalmente, del establecimiento, abotargado y tragando a grandes bocanadas el aire fresco y contaminado de la calle.

De vuelta a casa encuentro una tienda de ropa de caballero llamada La Sultana, título más propio de otra época o de zarzuela; nada comercial para nuestros tiempos. Es un establecimiento no tan decadente como su nombre podría hacernos suponer pero con los típicos escaparates abigarrados y las paredes forradas con paneles de cartón piedra. El dependiente es un numantino que resiste esperando que el fin del asedio llegue con la edad de jubilarse. La tienda está vacía. Lentamente me muestra varios suéteres… tan simples que difícilmente pasarán nunca de moda. O tempora o mores, las etiquetas conservan la cifra en pesetas y lucen en castellano la frase que buscaba: FABRICADO EN ESPAÑA. Me los pruebo, ciertamente me envejecen pero ¿Para qué aparentar la juventud que nunca tuvo mi carácter? Después de pagar otro paisano entra en la tienda, charlamos del tiempo, de arte… me descubren que La Sultana fue propiedad de un pintor modernista, que tenía su estudio en la trastienda. Vaya… al final la pesadilla se ha desvanecido.

Bueno, todo esto que os he descrito es la exageración de algunas experiencias que he vivido y observado en otros hombres. Suelo ser el acompañante paciente de mujeres que necesitan de un asesor más fiel y menos esperanzador que el espejo del probador y me ocupo a menudo de las compras para  personas impedidas y hombres sin tiempo ni ganas. Las más de las veces  tengo suerte en la elección y en la talla escogida, toco madera, tal vez porque una de las cosas más divertidas e interesantes que he hecho en mi vida fue un buen curso de diseño textil y confección.

Termino este post, más largo y deslavazado de lo que pretendía, con la queja de que el sistema de temporadas y rebajas está empezando a resultar absurdo y tal vez, económicamente, debería revisarse para que las prendas mantuvieran siempre un valor ajustado a su calidad de fabricación y no a la época de ventas. Éste podría ser tema para un largo debate que no cabe en el Diario.

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PERDIDO DE NUEVO EN EL LABERINTO

Me pregunto cuál es el motivo de volver a escribir. La respuesta llega después de un instante de silencio. Vuelvo a escribir porque ha rebrotado la ilusión de ser leído. ¿Es vanidad? No, no siento que sea vanidad, no soy nadie conocido. Es una manía, una pulsión, por llevar con las palabras mi persona más allá de su lugar en el mundo.

Frecuento poco blogs, actualmente sólo sigo dos: el Rinconcito del Tao –www.elrinconcitodeltao.blogspot.com- y el blog de Vega Royo-Villanova –www.daisyvega.com-. El primero, de reciente creación, tiene un contenido muy sustancioso, lleno de la sabiduría oriental cuyo poso es la sabiduría universal que nutre a cualquier espíritu ávido de transcendencia, de paz.

Sé que decir que leo los posts de Vega Royo-Villanova puede ser motivo de crítica. En cierto modo yo mismo lo siento como algo extraño a mi forma de vida, pero entrar en el mundo de una persona como Vega es, dejando libre la imaginación, transportarse a la cara oculta de la luna que preside cada día corriente. La sensatez hace de criba. Obviamente los consejos de belleza, de “Shopping” y tendencias de moda son como la publicidad en las páginas impares de los periódicos, las paso sin mirarlas para concentrarme en aquello que me interesa de verdad. Me quedo con algunas imágenes, poemas adolescentes y guiños que avivan la fantasía inconsciente, ilógica, de un machucho. Me siento como los hombres que ante las postales de chicas con cara risueña –vuelve la colección- se sentían los destinatarios de miradas y sonrisas ofrecidas a la fría lente de una cámara, con la intención de un cupido que cambia el arco y las saetas por una ametralladora.

Observo que son las entradas de contenido más íntimo y personal las que más comentarios reciben en el blog de VR-V, tal vez los más visitados, pero estos posts son “gratuitos”, los más valiosos pero de menor precio. Su autora no patrocina en ellos ninguna mercancía. Estas entradas que pretenden ofrecer buenos consejos y reflexiones sobre la vida son necesarias para mantener encendido el interés por el blog, como una buena película o programa nos mantiene enganchados a un canal a pesar de los largos minutos de anuncios.

En este sentido destaca la “caridad” de blogs como El Rinconcito del Tao, que aportan sin que la persona que los escribe busque un reconocimiento ni aun menos la dádiva de empresas como las que patrocinan el trabajo y el ocio de Vega Royo-Vilanova. Llevo meses viviendo de los ahorros, sin ingresos, y me empiezo a plantear que debería desarrollar algún blog “profesionalizado”. Sí, ya lo sé, nadie se hace famoso ni vive con un blog, primero se es famoso y se ofrecen las relaciones sociales que se poseen a las empresas que te buscan para darse a conocer, al revés es extremadamente difícil.

Vuelvo al inicio. El motivo de este empezar de nuevo es regresar al encuentro de personas que siento especialmente cercanas, como Elisa y Susana, y al encuentro fantaseado con las damas, quien sabe si caballeros, que como Mamen C., Pispa, Cosas… y otras muchas o una sola me hacen sentir como ante el ojo de Dios que todo lo ve.  Me pregunto cuál es el motivo de volver a escribir.

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LOS REGALOS

Está creciendo el disgusto ante la llegada de las fiestas navideñas. Este año no han sido pocos quienes han expresado su alegría, su alivio, por haber “sobrevivido” a estos días pasados. Es un síntoma de la tristeza velada de nuestra sociedad.

En cierto modo el miedo al tiempo de la Navidad, dejando de lado que son los días más cortos del año, en los que la oscuridad tiene más horas, radica en la exigencia festiva de saber a quién se ama y por quién se es amado, para descubrir la evidencia, dolorosa como un dardo, de que para algunos no hay nadie o que ese alguien no piensa en nosotros como quisiéramos. Los regalos navideños, los regalos en cualquier momento del año, son el sentimiento materializado del cariño, de su ausencia, o de su mala interpretación. El hecho de comprar un regalo se toma las más de las veces como una molestia que solventar con ligereza y por este motivo termina siendo el origen de muchos desencuentros o tal vez su última evidencia.

El regalo tiene, como todo en la vida, una historia propia que le aporta significado o que lo condena al olvido. Esta es la razón de que más allá de su valor o de su precio el obsequio pueda convertirse en el símbolo de una época de felicidad, de un sentimiento sincero o de un instante de armonía. Pueden pasar años hasta que descubramos en un cajón, como en la canción de Serrat, un pequeño juguete de la infancia, la postal de un primer amor, que de repente se convierte en uno de los regalos más importantes de nuestras vidas. Me sucede, al recordar todos mis cumpleaños, que uno de los pocos regalos que me vienen a la memoria es la canción que me regaló una niña de cuatro años.

Entre todos los modelos que conservo de mi infancia, que perdura en la afición por los autos, un Alfa Romeo ha adquirido el significado especial de ser el último regalo con la familia al completo.

Para regalar habría que sujetarse a unos preceptos básicos que habitualmente son incumplidos. El primero de ellos es el más difícil, la prueba de que realmente tenemos un vínculo con la persona a la que vamos a obsequiar: conocer al Otro. Esto es saber comprenderlo. No regalar aquello que nos ilusiona a nosotros sino aquello que puede entusiasmar, incluso con sorpresa, a la otra persona.

Para cumplir este primer “mandamiento” debemos pensar en la otra persona. En este punto radica la esencia de un buen regalo. ¿Cuántos hombres y mujeres piensan en su propio placer regalando ropa interior sexy a su pareja? A veces se actúa regalando aquello que creemos que mejor nos va a dejar ante los demás: “este año le he comprado a mi madre un abrigo de piel”. Y tal vez la buena mujer sea miembro del partido animalista.

Un conocido me contaba el motivo de que le dejara su última novia:

-Estuvo unos días como triste y enfadada conmigo, y yo no sabía el motivo, y no quería decírmelo… al final era que yo me había olvidado de su cumpleaños. Al decírmelo saqué un billete de veinte euros y le dije: ¡Ah, que sólo era eso! Hala, ves y cómprate algo.

Este ejemplo de la vida real sirve para ilustrar a la perfección cuál es el verdadero sentido de regalar: Simbolizar el amor.

Muchas veces la frase del arquitecto Mies van der Rohe “Menos es más” es la más adecuada. Hace unos días asistí a la cara de desconcierto de una gran persona de alma muy sencilla al recibir una piedra preciosa. Quien había comprado la joya más cara del escaparate creía estar haciendo el mejor regalo, el de más precio, pero no estaba pensando al hacerlo en cómo iba a sentirse la persona obsequiada.

En estas situaciones lo peor son los sentimientos de culpabilidad que brotan tanto en la persona regalada, por no haber podido expresar convincentemente la alegría que el regalo le debería haber provocado, como en quien hizo el regalo por no haber acertado en su elección.

En fin, que en estas fechas pasadas siempre se reproduce el drama de muchas personas que sienten que nadie piensa en ellas, o que han visto crecer la distancia del desconocimiento con sus seres queridos.

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Los números de 2011

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2011 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.200 veces en 2011. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 20 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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QUERIDO DIARIO

Querido diario:

     Empecé a escribir tus páginas en este blog a principios del verano de 2009, en esta etapa difícil de mi vida. Episodio que tal vez termine cuando lo haga mi vida.

    Poco a poco fui retirando mis palabras de las hojas de papel de una libreta, te transformé querido diario de bitácora íntima en el andurrial apartado en el que recalan algunas almas gemelas. Al dejar abiertas tus páginas al desconocido se me fueron viciando la escritura y los temas, se tornaron a veces en cartas amables y anzuelos para las Dulcineas y Gigantes que soñaba que eran mis lectores, algunas entradas eran el fruto de mis soliloquios de vagabundo.

   Amagado en tu sombra dejé comentarios que fueron mentira y creé juegos de identidades para desahogar mi resentimiento hacia el mundo, hacia las mujeres. Alivié mi misoginia en la extraña veneración por la imagen femenina más encantadora, imaginando detrás de cada pseudónimo –llamados en jerga cibernética, nicks- una mujer celestial, una Irene Jacobs en Rojo, una Audrey Hepburn, gata extraviada y monja candorosa.

   He llegado, escribiéndote, a mis últimos treinta, desenamorado, desenganchado a la ilusión; tomada la conciencia de que no haber tenido nunca pareja es librarse de un accidente común al resto de los mortales. Es una de las cosas buenas de envejecer: nos convencemos de que no necesitamos aquello que no hemos logrado.

   Te escribo estas líneas, querido diario, como una disculpa por dejar de hablarte durante una temporada. La acumulación de contradicciones que muestro en mis últimos posts delata el sentido extraviado de mis opiniones, en un rasgo de mi personalidad voluble e insegura. Siento todo lo dicho como una insensatez o un atrevimiento. Me leo como se pasa por una calle demasiado enramada o se reza ante un altar cubierto de flores que impiden la oración profunda.

   En otras dos ocasiones te hice desaparecer. Al menos los diarios de papel arden en un fuego catártico que parece liberar el alma que contuvieron las palabras. Cuando te borro tu desaparición no desprende ni luz ni calor, la ausencia en la red es más fría que el abismo sideral.

   Sabedor de que tengo la debilidad de poner la marcha atrás, acostumbrado a cumplir el “nunca digas nunca jamás” te dejo, querido diario, en un final que espero que sea como un largo ocaso. Hoy se apagan en tí las palabras, más tarde lo harán las imágenes. Cabe la esperanza de un amanecer, cuando puedas brillar con claridad, tal vez cuando se abra el laberinto.

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LO ESCRITO, ESCRITO ESTÁ

(transcripción del texto manuscrito)

Escribir es un proceso que parte de nuestra mente y por tanto es siempre expresión individual, distinta y reconocible. Sin embargo se percibe como un acto muy personal cuando ponemos la vista sobre una nota, unas líneas, escritas a mano.

¿Nunca os ha sorprendido una carta que nunca llegásteis (sic) a enviar? Nuestras letras parecen adquirir mayor sentido, nos retraen a otra época.

Escribir dejando fluir la tinta es muy distinto a la pulcritud de las tipografías estandarizadas de los procesadores de texto.

Ahora, por ejemplo, escribo sentado en la cama mientras recuerdo algo que quiero dejar anotado. Estoy felizmente casado con mi soledad. Podría estar compartiendo estos momentos en la sobremesa indefinida de una cena con personas bastante más jóvenes que yo, pero siento que estoy en esa etapa de la vida en que los matrimonios se sienten gozosamente aislados del mundo en su dormitorio.

(transcripción del texto mecanografiado)

Mecanizar la escritura ha supuesto hacer de la letra personal un refugio de íntima humanidad. Sin embargo, cada forma de escribir: a mano, a máquina, con el procesador informático, es distinta. En estos momentos estoy viviendo un aluvión de recuerdos al ponerme ante el teclado de una máquina de escribir mecánica. El sonido de los aparatos mecánicos crea un especial ambiente, de repente la habitación en la que escribo parece convertirse en la decadente oficina de las administraciones del tardo-franquismo pero también el repiqueteo de los tipos sobre el papel parece entonar la canción del futurismo de Marinetti, volver a los felices años veinte.

Volver a la máquina de escribir de (te) descubre no sólo sensaciones dormidas en los recuerdos sino la exigencia de cada forma o técnica de escritura. La escritura digitalizada te seduce para la revisión permanente de los textos, el manuscrito y la máquina de escribir sentencian tu expresión a una única existencia y sentido: la del papel. Con éstas lo escrito escrito está, con los procesadores de texto las palabras resultan evanescentes como las primeras palabras de un mal amor.

Errar es humano, aunque siempre es molesto. Después de años sin golpear estas teclas aparecen los fallos sin embargo me sitúan ante el desafío de escribir sin corrector y sin vuelta atrás.

(texto procesado informáticamente)

Había olvidado lo duras que son las antiguas máquinas de escribir y la sensación dolorosa de los dedos después de teclear un rato seguido. De vez en cuando vale la pena experimentar con cosas del pasado: aparcar un coche sin dirección asistida, lavar a mano, amasar el pan, para tomar conciencia de que pueden tener su encanto pero son poco prácticas para el día a día. El progreso tiene muy mala prensa entre quienes nos tenemos por críticos. Ciertamente hay mucho sinsentido en él, pero es difícil cuestionar la comodidad que han aportado a nuestras vidas muchos de los llamados adelantos. Otra cuestión es el precio que hay que pagar por ellos.

Cuando se escribían tarjetas postales las palabras quedaban trazadas sobre las imágenes y algo de quien firmaba convertía aquel pedazo de papel brillante en un testimonio de aprecio perdurable. Nuestros correos electrónicos cumplen una función similar… pero ¿Dónde estarán dentro de cien años? Posiblemente en el mismo lugar que los epigramas griegos, los jeroglíficos egipcios y las inscripciones romanas dentro de tres millones de años. Perdidas en la nada universal de los tiempos. Sin embargo el amor, la estima o el aprecio que expresaron pervivirán eternamente allí donde hoy sólo el entendimiento de nuestros corazones parece vislumbrar una esperanza.

El estilo de las "femme fatale" siempre ha tenido sus seguidoras, como la de esta postal de1905.

Lo escrito escrito está y recobra la vida, con el viento de la voz,  para volver a expresar el sentimiento que encierra. http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=wa-PtGBJCyg#!

P.S.: Alguien se puede tirar de los pelos por pensar que estoy recomendando el blog del anterior enlace. Cada cual que escoja, yo sólo lo dejo como un recurso para hacer más comprensibles mis palabras y emocionarse con la belleza de la poesía. 

P.S.II: Si el blog se escribiera con tinta no tendría fácil enmienda, hoy al saber que una seguidora se ha deshecho la permanente que le había costado la paga de un día, he decidido cambiar el enlace, así que el Post Scriptum ha perdido su sentido. 

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LA BELLEZA Y EL TIEMPO

Las postales antiguas ilustran el cambio en los cánones de la belleza femenina y  la existencia de unas constantes que siguen haciendo de estas mujeres de antaño seres amables y atractivos para el espíritu. La forma de mirar, la caída de los ojos, la manera de inclinar la cabeza, el gesto en la sonrisa, nunca envejecen. El tiempo parece que no pase por una manera de expresarse, por el timbre de una voz o el aroma en la piel. Se pierde todo ello en la alquimia de la fotografía, pero puede intuirse que este era el encanto que hechizaba hace cien años, como hace miles.

Con las postales la belleza traspasó las fronteras de los lugares para hacer surgir las primeras famosas mitificadas en la imaginación de los hombres. Hoy los blogs se encargan de hacer lo mismo, promocionando “it girls” y chicas que parecen no servir para nada que pueda considerarse realmente útil o necesario.

Pero la belleza apresada en la química o en los píxeles es siempre la belleza de una flor seca. La belleza real es la que corre con el tiempo, la que tiene estaciones, pero permanece ligada,  siempre,  a la personalidad.

El problema está en los anteojos que el “gusto colectivo” nos coloca. Viendo ayer “La Escopeta Nacional” me dí cuenta de que hoy Mónica Randall hubiera recibido muchas críticas por la poca firmeza de sus carnes en una escena de la genial película de Berlanga. Era en 1978; no hace tanto.

Observo en las colas de los supermercados, en los puestos del mercado, mujeres que parecen haber olvidado que también se florece en el otoño. Han interiorizado como un veneno la indiferencia de sus parejas, tal vez con un feliz conformismo. Algunas parece que crean que la belleza es una edad para conquistar y que logrado cierto éxito no puede lucharse contra el tiempo. Siempre hay, sin embargo, algo que cautiva a los hombres y que no arrebata la edad. Esa esencia del ser amable que notamos en las fotografías de hace cien años.

Podemos imaginarnos el padecimiento de esta diva para ponerse el corsé o suponer que ya disponían de "Photoshop" manual

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METABLOG

Este palabrejo malsonante es de mi invención. Cuando estudiábamos las funciones del lenguaje en el Instituto nos enseñaban aquello de la función metalingüística, en la que la lengua trataba sobre sí misma. Pues el metablog es sencillamente que la entrada que estoy escribiendo versa sobre el mismo tema de los blog. Entro en materia.

Últimamente el número de visitas al Diario ha aumentado a una media de diez visitas diarias. Ello se ha debido en parte a mis comentarios en los blogs de Daisy Vega Royo-Vilanova y sobre todo al papel de comentarista “mosca cojonera”, con perdón, en el blog de María León.

A veces en la vida se toma conciencia de cuándo se está de sobra, de cuándo se están desperdiciando tiempo y energías en labores inútiles. Algo así como les sucede a los fumadores cuando un buen día encuentran estúpido el vicio y deciden abandonarlo. Hoy, para mí,  es uno de esos días. A partir de estos momentos tengo la voluntad, otra cosa es que se logre, de no escribir ningún comentario en otros blogs.

Los motivos de esta decisión se me han revelado respondiendo ayer al comentario de Isabel en la anterior entrada. ¿Vale la pena intervenir en otros blogs? Si eres detractor y de lengua afilada te van a poner como chupa de dómine, si intentas ser positivo, ver sólo aquello que vale la pena de las entradas, pues te quedas cantando a la luna y con el tiempo es fácil embobarse, o sea, quedarte bobo y con el juicio perdido. ¿Qué gana uno de hacer “pintadas” bellas o feas, en las fachadas de otros? Es absurdo, nadie responde y todavía debes gratitud por haber sido obsequiado con la oportunidad de expresarte. En mi blog cada uno de vuestros comentarios es un gran regalo que me hacéis.

Reconozco, como en anteriores ocasiones, que alegra ver la estadística de visitas con cierto movimiento. Sin embargo esta es otra adicción o vicio que debo quitarme. Esta manía de nuestra sociedad de valorar aquello que creas por el número de sus usuarios, ya sean lectores, televidentes, oyentes, etc… es puro capitalismo de la cultura para hacer propaganda o incitar al consumo. Yo quiero escapar de esta trampa, y si al dejar de hacer comentarios en otros blogs, la gráfica de la estadística de este Diario se parece al horizonte del mar, pues no perderé el ánimo para seguir escribiendo; como quien lanza cartas al océano en una botella.

Estas postales de principios del siglo XX son un pequeño coleccionable virtual

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LOS COLORES DEL AMOR

Por el arte de la magia de las palabras se descompone la luz de ese sol cegador que es el Amor en varios haces de distintos colores, como un arco iris de sentimientos, que revela, en un truco genial, la autenticidad de amar.

Del amor puro surge el haz luminoso de la ternura cómplice del amor en la vejez, el amor ingenuo y repentino de la infancia, el amor desbocado del flechazo y la eterna juventud, los amores platónicos a la belleza anónima y el amor manso, sosegado, de quien nunca será amado por la carne.

En este calidoscopio mágico de luces y colores surgen sensaciones de pasión otoñal,  de caridad apasionada, sentimientos contradictorios pero cargados de humanidad, de transcendencia, porque el Amor nos comunica con un más allá conocido pero razonablemente ignorado.   

El miércoles me acerqué a verla de lejos. Una historia de veinte años de amor sin correspondencia sería una historia ridícula si no sintiera que ha valido esta pena de amar la luminosa fantasía de poder amar a alguien. Me acerqué ante la luna del escaparate de la tienda que dirige. Era la hora de la comida y estaba vacía, ella, de espaldas a mí, estaba ordenando las prendas de una mesa. La observé a través del caleidoscopio mágico que penetra la vida y contemplé el maravilloso despliegue de sentimientos, sensaciones y esperanzas que brotan de los colores del amor. Recuperé así la humanidad perdida meses atrás cuando, decidido a abandonar la manía, la miré a través de la lente reductora de la mera satisfacción sexual para matar el sentimiento.

 

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TODO ES MENTIRA, MIENTRAS NO SE DEMUESTRE LO CONTRARIO

              “Hace algo más de un año alguien dejó abierta la cuenta de su blog en el ordenador de una biblioteca municipal. Al utilizar ordenadores de uso público se encuentran a menudo cuentas de correo, páginas de contactos, que no han sido cerradas por sus usuarios.

         Esta vez era distinto. Quien había dejado accesible la cuenta del blog había dejado escrita una última entrada en la que se despedía de sus lectores con grandes dosis de patetismo y autocompasión. Previamente había enviado todas las entradas escritas a la papelera y había colocado como cabecera la siguiente imagen.

         Por un momento noté que estaba violando sin intención un secreto, pero pronto superé este primer escrúpulo y llevado por el optimismo de un vendedor de coches usados me sentí depositario del legado de una identidad secreta. Algo que solía suceder en los cómics de superhéroes con los que me eduqué de niño.

         Cualquiera puede crear su propio blog, pero controlar un blog con veinte mil visitas diarias, como pude comprobar en la estadística de la cuenta, es algo bastante serio.

         Cambiar la clave de acceso a la cuenta fue algo así como ponerme el antifaz de aquel infeliz blóguer. Seleccioné y repuse las entradas más interesantes que había escrito y fui escribiendo cada semana otras nuevas siguiendo su estilo y temática. Nada difícil: un poco de la sensibilidad de los tipos que escuchan a las mujeres, un poco de misantropía y bastante  ignorancia para pasar desapercibido entre el resto de blogueros.

         Fue por marzo cuando noté que el número de visitantes del blog había ido descendiendo desde que yo conducía el blog. Entonces averigüé que mi antecesor participaba frecuentemente en otros blogs y que desde ellos llegaban la mayoría de los visitantes y comentaristas. Pero yo soy persona de eminente sentido práctico, o sea que sólo me muevo por dinero, y todo esto del blog empezaba a consumir demasiado tiempo. Debía – I must, pensé- encontrar el medio de rentabilizar mi dedicación al blog y la solución no iba a llegar así como así. Era necesario aumentar exponencialmente el número de visitantes para ofrecer esta audiencia como mercancía de primera a las empresas de marketing a las que estaba dispuesto a ofrecerme. Debía radicalizar mi imagen y mi discurso, ser la guinda en otros blogs que resultaban sosos y atraer así a mis nuevos lectores.

         Pero esta táctica no funcionaba. Noté que la mayoría de las lectoras de los blogs son funcionarias y oficinistas que malversan el tiempo que todos les pagamos mirando tonterías en la red y los fines de semana apenas nadie visitaba el blog. Tuve que idear otro medio de ganar algo con el hallazgo que había hecho aquel día en la biblioteca.

         Miré las direcciones de correo de los blogs en los que participaba activamente el escribidor secreto al que había sustituido y les envié un correo en el que me ofrecía como “negro” para animar sus blogs a cambio de una pequeña cuota mensual o tarifa plana que incluía dos comentarios semanales en sus entradas. Esto sí que funcionó. Desde mayo que he tenido en esto de los comentarios mi principal medio de vida, llegando a tener casi ochenta clientes.

         Sin embargo todo en la vida acaba por complicarse. Hace cosa de tres semanas recibí un extraño correo de un personaje anónimo, cuya imagen parece sacada del folleto publicitario de disfraces para Halloween – de hecho en mis indagaciones comprobé que efectivamente se trata de un disfraz de bruja vampiresa (¡!) de los que se venden en los chinos –  en el que decía ser la creadora original del blog, que sabía dónde vivo y que estaba dispuesta a hacerme la vida imposible si no cerraba la cuenta del blog, como había sido su deseo cuando yo la encontré abierta en el ordenador de aquella biblioteca.

         La amenaza de la bruja vampiresa se convirtió en una propuesta convincente una mañana de finales de octubre, cuando aparecieron las cenizas de mi gata esparcidas sobre el felpudo de mi puerta y una nota dejaba patente que no era un polvo cualquiera el que invadía el rellano de la escalera sino los últimos restos de mi querida mascota.

         Pero el destino me era propicio una vez más y hace dos semanas inventé una aplicación informática que convierte la tecla del euro en el símbolo o abreviatura de cada una de las antiguas monedas nacionales de los estados de la “Unión”, convirtiendo directamente los importes a los que precede. El éxito de mi invento ha sido increíble, la semana pasada firmé un contrato millonario y ahora estoy escribiendo esta mi última entrada en el blog desde una playa de Cabo Verde.”

         Contaros esta historia, un poquito larga, ha tenido el objeto de ilustrar con un ejemplo ficticio lo fácil que puede ser hoy en día, mediante los recursos de la red, inventar personajes y sobre todo construir el propio personaje que es uno mismo. Cualquiera adorna su biografía en la Wikipedia o en un perfil, cualquiera da la imagen que más le conviene que se conozca, a veces no la mejor sino la más sensacional.

         Cela, Orson Welles o Dalí hubieran tenido mucho más fácil la construcción de los mitos sobre sus personas.

         Es el mayor problema de este mundo virtual. Cada vez confiamos menos en quien está al lado de verdad y nos creemos casi todo lo que nos cuentan cuando se enmarca en una pantalla.

         Hace ya unos años, al principio de todo esto, una nochevieja entré en un chat y acabé conversando con una chica. Al final resultó que aquella misma semana le habían diagnosticado que había adquirido el SIDA y todos sus amigos y amigas la habían dejado sola. Nunca sabré si era verdad o si era una malvada tomadura de pelo, pero fuera lo que fuera me conmocionó.

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UNA IMAGEN ENTRE LAS PALABRAS

Escribir un blog te descubre que siempre hablamos desde la ignorancia. Hasta cuando uno cree dominar un tema, si es sensato, percibe que al hablar sobre esa materia camina sobre una cuerda floja que cruza el vacío. Es parecida esta toma de conciencia, tan antigua como el “sólo se que no se nada”, al reconocimiento de la imposibilidad de conocer al Otro y está muy cercana en cierto modo al silencio de Dios. Percibir este silencio tal vez es un primer paso hacia El, reparando en que tal vez el silencio era sordera por nuestra parte.  

Lo cierto es que la lectura invita a menudo a no escribir. Todo parece haber sido ya contado, con mayor profundidad, con mayor conocimiento. Algunos escribimos desde la intuición, sumando y relacionando las ideas que hemos ido picoteando aquí y allá. A menudo en los textos que sintetizan las grandes obras del pensamiento. En contraste con todo ello nos sentimos partícipes de la sabiduría popular, analfabeta, ágrafa, oral y perdida con la memoria de las gentes. Esta sabiduría un poco cazurra arraiga tanto en el bolsillo como en el corazón. Liberarse de ella es en cierto modo, muchas veces, evitar lo peor de la condición humana. Cuánto derrotismo hay en el refranero, cuánta desconfianza.

La sed, el vacío, parece ser la única esencia del hombre. Buscamos la “fuente de vida”, unos creyeron encontrarlo en la ciencia –los positivistas del diecinueve, que en el veintiuno siguen creyentes y aumentando- otros se convencieron de que la sed puede saciarse por el mismo hombre y algunos seguimos notando que esa falta del agua de vida es el alma misma que busca su destino.

Con todo esto contrasta un mundo de sombras, de sufrimiento. Un mundo que se eclipsa con el sol de lo material, de lo efímero, del agua que nunca sacia.

No hace mucho mi imaginación me trajo la idea que he plasmado en la ilustración que acompaña a estas palabras. La imagen de un zócalo de siluetas informes que dibujan rostros desencajados, semblantes cínicos, carnes torturadas. Sobre la masa negra del dolor un cielo de atardecer en el que se recorta la silueta de una institución, de uno de esos “inventos” inhumanos de unos para “ayudar” a otros. Las estelas de los aeroplanos que cruzan el cenit y la figura esbelta y luminosa del cretinismo de una sociedad que avanza sin mirar a las víctimas de su progreso. Es una mala obra de arte, yo mismo percibo su falta de cualidades técnicas, pero es la expresión de un sentimiento nacido del paso por la calle y la observación de algunos de sus habitantes.    

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EL PUNTO FINAL DE LA MODA

El paisaje se transforma con nuestros pequeños actos diarios. La historia que vamos hilando se imprime sobre una postal como las capas de información de un mapa.

En la imagen que os muestro aparece un viejo lavadero, donde las mujeres pasaban el tiempo, contemplando entre enjuagues un paisaje abierto de huertas y campos. Una vida dura. Apenas la sombra de la mañana de un árbol mientras corría el agua por sus manos. En lontananza podía verse un caminante o la cabalgadura que se acercaba levantando una nube de polvo ¿Pasaría de largo o traería noticias?

Hoy cierran esta vista las naves donde se apilan las ropas que, a veces sin apenas uso, han sido desechadas de los hogares. En el último episodio de esas palabras del lenguaje de la moda que son las prendas hay toda una industria. Otra industria más. Las ropas se seleccionan, unas se vuelven a vender, aquí o más allá del Mediterráneo, y gran parte son recicladas.

 

Aturde observar la continua llegada de contenedores, el movimiento de los carretilleros y de los operarios y empresarios, principalmente de origen magrebí y subsahariano. No es un negocio nuevo, simplemente ha cambiado de personajes. Hace años los traperos hicieron grandes fortunas. Una máquina, llamada “el diablo”, sigue, como hace un siglo, triturando las ropas, los tejidos, para hacer borra con la que hilar y tejer nuevas prendas. Otra cosa es el “aroma” de estas prendas.

He comprado ropa de abrigo, de lana, de grandes grupos industriales que olía sospechosamente a esta fibra que por aquí llamamos “triturado”. Pero claro la calidad se paga y si se busca una chaqueta de cachemir – supongo que no reciclado- o una americana de cheviot –mis preferidas y difíciles de localizar- pues evidentemente habrá que alimentar a la señora oveja que se ha dejado esquilar. Aunque tengo para mí que ni la oveja ni su pastor saben a cuánto cobran por aquí su lana.  

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TODOS LOS SANTOS

Todos los Santos es un día para reflexionar.

Todos los santos con los que hemos convivido sin saberlo. El santo es humilde y no se presenta ante nosotros con la apariencia impostada de un ángel. Qué bella es la idea de que hay mujeres y hombres que pasan por la vida haciendo el bien y que su paso por el mundo es un rastro que se desvanece en la historia pero permanece como una voz en la eternidad.

Hoy, a menudo, hay que precaverse de tanta palabra sin raíz en los hechos, y saber ver el hecho concreto del amor al Otro.

Llegan noticias, imágenes, de comportamientos desalmados. Muertes provocadas por venganza, por ruindad. Hay santos, pero… queda tanto por hacer; a veces ese tanto es sencillo, porque amar es mucho más sencillo de los que creemos. Sin embargo si me  estremezco ante el hecho de que un camionero en China ha matado a un niño al que había atropellado, para evitar pagar la factura del hospital y cuando aparcando rompo el intermitente del coche que tengo detrás, huyo del lugar sin dejar señas ¿No será que en el fondo me asemejo más al camionero homicida que a alguien que cree en el amor al prójimo? Qué difícil es vivir, ya no en santidad, sino simplemente con justicia.

Así que estos días, en que recordamos a las buenas personas anónimas que pasaron por este mundo, que estuvieron cerca de nosotros y a cuya tumba tal vez hoy nadie acerca una flor, tengo que mirar el resto de mi vida como la única posibilidad que tengo para hacer de esta Tierra un lugar mejor.

Buen tiempo para pasear por nuestros camposantos

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LA BOLSA O LA VIDA

El miedo o la vida. Las crisis son a menudo un miedo contagioso al futuro, un temor acrecentado por el interés de los poderosos. Hace poco la sociedad era empujada a endeudarse, cualquier simple asalariado con un trabajo precario era el titular de una tarjeta de crédito –con intereses de usura- y todo sueño era posible porque tenías toda una vida para pagarlo. Y el sueño se convirtió en pesadilla.

Algunos no caímos en la trampa. Sin embargo ahora nos sentimos infectados por esta enfermedad que podemos llamar “futuritis”. Un miedo al porvenir porque nuestra confianza quedó depositada con el dinero en los bancos. ¿Dónde quedó la Providencia? Una palabra sinónimo de Dios, de Padre. Se perdió la esperanza de que podemos saltar del trapecio sin el colchón de los ahorros.

Son muchos quienes pasaron a no creer en el propio esfuerzo, en su capacidad para trabajar y mejorar el mundo. Valoran la importancia de sus personas no por aquello a lo que dedican sus vidas, sino por aquello que los posee. Porque al final la lucidez te descubre que no eres propietario de nada, sino esclavo de la mayoría de las cosas de las que se supone que eres dueño. Todos esos bienes que a menudo empeoran nuestras vidas.

 

La opulencia, la riqueza como cualidad, tiene atrapada la creatividad, el arte. La moda parece deberse exclusivamente a la influencia de la alta costura. Por suerte siempre hay personas, siempre jóvenes más allá de su edad, que crean su estilo con prendas confeccionadas por ellas mismas o reutilizadas, creando su propio vestuario con ropas de antaño. Como todo lo espontáneo y gratuito, el sistema monstruoso de la Moda acaba fagocitando parcialmente estas alternativas a su imperio y las etiqueta con palabras eufónicas como vintage;   o toque glam cuando a una señorita se le ocurrió salir un día cualquiera con un bolso de lentejuelas.   

Lanza del Vasto es actualmente un autor un tanto olvidado. En una ocasión, al preguntar a un librero de viejo por alguna de sus obras éste me sonrió y me dijo que eran lecturas de su juventud, de cuando él era jipi. En su libro Umbral de la Vida Interior  podemos leer este maravilloso fragmento:

 

El gran miedo.

Caía la noche. El sendero se internaba en el bosque más negro que la noche. Yo estaba solo, desarmando. Tenía miedo de avanzar, miedo de retroceder, miedo del ruido de mis pasos, miedo de dormirme en esa doble noche.

Oí crujidos en el bosque y tuve miedo. Vi brillar entre los troncos ojos de animales y tuve miedo. Después no vi nada y tuve miedo, más miedo que nunca.

Por fin salió de la sombra una sombra que me cerró el paso.

“¡Vamos!¡Pronto!¡La bolsa o la vida!”

Y me sentí casi consolado por esa voz humana, porque al principio había creído encontrar a un fantasma o a un demonio.

Me dijo: “Si te defiendes para salvar tu vida, primero te quitaré la vida y después la bolsa. Pero si me das tu bolsa solamente para salvar la vida, primero te quitaré la bolsa y después la vida”

Mi corazón enloqueció, mi corazón se rebeló.

Perdido por perdido, mi corazón se dio la vuelta.

Caí de rodillas y exclamé: “Señor, toma, todo lo que tengo y todo lo que soy”.

De pronto me abandonó el miedo y levanté los ojos.

Ante mí todo era luz. En ella el bosque verdecía.

 

 

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TENER CARIDAD CON LAS CELEBRIDADES

Ha llegado a mis manos el libro Camino, de Escrivá de Balaguer. Los libros salen a nuestro encuentro como una voz potente por encima de la vida, como un golpe de viento del destino. Ha llegado a mis manos a través de un amigo ateo. Paradojas de la vida, otro amigo, cura, siempre me ha hablado mal del Opus Dei, sin que nunca me haya sabido dar razón del porqué de esta animadversión. En los últimos días, leyendo Camino, he recordado verdades esenciales para ser mejor persona y hacer del mundo un lugar menos hostil. Tal vez Escrivá de Balaguer no fuera John Lennon, pero el tiempo dirá quien habrá aportado más, de verdad, a la humanidad.

En el capítulo dedicado a la Caridad, Escrivá de Balaguer hace especial hincapié en evitar la maledicencia, sojuzgar al otro, criticar aunque haya motivo para ello. La murmuración como picota a la que sentenciamos injustamente a quien ni tan siquiera nos ha hecho daño.

 Tal vez el salto que voy a dar en este punto sea impertinente.

 Ayer tenía en mis manos una revista dedicada a la modelo Eugenia Silva. De profesión: Célebre. Esta mujer, como unas cuantas más, forma parte de un estatus mediático que se alimenta de su proyección en la sociedad. Así las cosas me encuentro en una época, para mi generación, para mi país, en que hemos extraviado “el Camino” y ya no son célebres los buenos consejos y los hombres y mujeres que nos los daban, sino este tipo de “celebrities” que al ser entrevistadas, con cierto nivel de introspección, se revelan tremendamente débiles e inseguras. Fuera de su escenario, abandonado su personaje, transformadas por el tiempo en la sombra de la juventud, se hallan perdidas.

Sin embargo, si debo ser caritativo con Eugenia Silva, por ejemplo, debería callar -¡Cuántas veces me salvaría el silencio!- Pero la profesión que ejerce, ser famoso, comprende ser objeto de la crítica constante y tal vez sea importante recordar, aunque sea en este blog de sesenta visitas mensuales, palabras y obras que son verdadero ejemplo para nuestra vida. Tal vez no sean admirables, como la belleza, pero son el Camino.

Qué difícil es amar de verdad con el silencio, no juzgar, ni en nuestro pensamiento más íntimo, saber excusar, saber estar en el lugar del Otro. Si lo pienso bien puede que Eugenia Silva nunca haya querido ser un modelo de persona. Simplemente es una pieza más de esa gran lámpara de araña de la que cuelgan un sinfín de pequeños cristales de roca, las Celebrities. Cualquier día uno de esos pequeños cristales se convierte en el diamante precioso que reposa sobre un corazón. Más allá de las luces cegadoras de los flashes y los focos.  

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SOBRE MODA MASCULINA

Quien escribe es muy parecido a una planta o un árbol. Necesita que su altura o porte esté en su justa medida bien enraizado, si no el árbol cae al suelo al menor vendaval; como los pinos que no ahondan y extienden sus raíces por las superficies cubiertas de césped, buscando el agua de los aspersores. De la misma manera para escribir necesitamos profundizar si queremos elevarnos. Esto no es sencillo, necesita tiempo, tanto como lo que tarda en crecer un árbol. Así que confieso que al escribir en este blog no tengo a menudo otra solución que recurrir a temas con posibilidades de ser tratados de forma superficial, como la moda del momento, que tienen sin embargo una cultura, una historia, detrás de sí, que queda oculta a menudo por su misma naturaleza de ser temas de actualidad. Vamos a ello.

Estoy desde hace un tiempo confundido en cuanto a aquello que se supone que es tener gusto en el vestir. Antes estaba claro: llevar traje y corbata era ir bien vestido, los hombres conjuntábamos dos colores y no había mucho más que hacer. Pero ahora todo parece más complicado. Son esas dificultades que el progreso nos ha traído. Entonces “gugleas” y los blogs y páginas dedicados a la moda masculina no son otra cosa que un catálogo general de varias marcas de confección para la temporada otoño-invierno. Unos con formatos literalmente de catálogo, otros con aire de expertos pero que al final no son otra cosa que vendedores de los grandes productores. Fabricantes que manejan las marcas como el titiritero sus marionetas.

Entonces tomas la decisión de consultar una revista e ir a visitar varias tiendas para saber qué es el buen gusto según la convención social del momento. Si no sabes inglés andas perdido. “Out fitting”, “over size”, “must”, “strech”, “glam”, y un sinfín más de vocablos acaban aturdiéndote. Observas por la calle a los pivones que andan a la moda y los maniquís de los escaparates. Cuánto rótulo estampado, cuánta incoherencia de colorido. La impresión final que me llevo es que todo el mundo parece haberse vuelto loco. Todos menos el cajero del negocio que cada temporada espera abrir de nuevo el cajón para que cambiando la moda se deba renovar el vestidor. Hace dos años los pantalones extremadamente anchos, ahora los pantalones extremadamente estrechos, que andamos en crisis. Me miro en el probador y me siento un mamarracho. No quiero seguir jugando, hay un tramposo en la partida.

Un tramposo que en realidad es un mago: Aquí una prenda pasada de moda, un saldo, la cubro con este trapo y tachán! Aparece una oportunidad, el outlet. El truco da para crear centros “de oportunidades” para que tengas la ocasión de comprar por la mitad de precio el capricho insatisfecho de la temporada pasada. Puedes ya vaciarles la tienda comprando al peso. ¿Cuánto le habrán pagado a quien ha fabricado la prenda?

Anuncio en prensa de una nueva tienda de moda al peso

Al igual que un reloj parado acierta la hora dos veces al día, quien mantiene su estilo personal alejado de las tendencias viste a menudo con mejor gusto que quien va a la hora en punto de ese reloj mandón que es la Moda.

Suelo cruzarme con un señor que siempre viste con pulcritud una camisa blanca, una corbata azul marino, y pantalones de tela del mismo color. Lleva unas gafas con gruesa montura de pasta, que deben contar con varias décadas de historia, sin que se noten en su estado. El conjunto confiere a este hombre mayor, de físico ordinario pero presencia elegante, una distinción genuina, que no denota estatus económico ni social, sino un carácter ordenado y cuidadoso.

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DISFRACES, MODA, MIMETISMO Y CULTURA

Nuestra época es el reflejo de una ficción. La vida se ha convertido en retransmisión televisiva: los reality. Y las historias imaginadas que se enmarcaron en la caja tonta se encarnan en nuestras personas. El disfraz ha adquirido categoría de segunda piel camaleónica e invade la moda. El disfraz que nos hace espejos del personaje con el que nos identificamos y cuya vida queremos aprehender.

Tiendas en la red como el Armario dela Tele surgen en la estela de este fenómeno del mimetismo, como medio de identificación con un personaje. Es la cultura de la copia elevada a categoría de forma de vida. Una manera de aparecer ante la sociedad sin atisbo de miedo alguno al ridículo pues tu prójimo ha sido la audiencia que no se cuestiona aquello que ve si previamente ha estado enmarcado en una pantalla.  

La moda siempre ha tenido parte de su significado en la imitación. Algo está de moda porque se repite en varios individuos. Sin embargo la moda, como una forma de hacer algo,  puede ser particular, singular, personal e inimitable. Tal vez en este grado aquello que es socialmente considerado moda es individualmente estilo, look. La manera de vestirse, peinarse y maquillarse puede ser la expresión genuina de algunos hombres y mujeres que poseen un talento natural, un espíritu genial, que sin embargo no pueden ser distinguidos si no adoptan una apariencia peculiar, distinta, cuando no extraña y monstruosa. Algunos se quedan en esta parte del juego sin llegar a tener nada dentro del figurín que adornan.

Otros se disfrazan. El travestismo es un arte bastante desconocido asociado popularmente con el cutrerío festivo de los pueblos, de las despedidas de soltero y las fiestas de fin de año. Se da en estas ocasiones rienda suelta a la imaginación y se realizan fantasías ocultas al amparo de la desinhibición etílica. El resto del año el travestismo se concreta en actividades socialmente aceptadas. Es el caso de muchos de los ciclistas de fin de semana, de los moteros, de los deportistas urbanos, que aprovechan la más mínima ocasión para transformarse en personajes distintos a su ser cotidiano. Algunos se empalman mirándose en el espejo.

Una fotografía de Cristina García Rodero que ilustra una tradición de la España profunda

Transformarse, travestirse en flor de colorido fugaz, para alegrarse los días que pasan en las tinieblas de la pesadez anodina de las calles grises y los rutilantes frutos de la industria. Transgredir la norma –  tal vez un día la transgresión sea costumbre y la tradición audacia – muere con el disfraz convertido en moda y sólo la invención genuina de una apariencia única y singular, tan individual como el alma que fue creada por Dios para ser juzgada como sujeto responsable y autor final de su propia historia, superará la moda y hará la crema de la cultura.     

La moda es siempre un disfraz para mimetizarse en sociedad, un hecho cultural como la aparición de un movimiento literario o una tendencia en el arte.

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VENTAJAS DE SER FEO

Titular de esta manera un escrito puede dar la impresión de que se está ironizando o manifestando de forma frívola un asunto tan común y aparentemente banal como es el de la belleza personal. Sin embargo esta consideración de las ventajas de la fealdad parte de una reflexión tan profunda como pueda haber alcanzado mi vivencia del hecho de carecer de cualidades estéticas.

La primera ventaja de ser feo es que hagas lo que hagas, te vistas como te vistas, te pintes, depiles, acicales y untes vas a ser la mayoría de las veces totalmente invisible y esta condición de invisibilidad te va a permitir huir de las trampas que la lujuria y los peores deseos de las féminas te podrían tender. No es poca cosa. ¿Cuántas ocasiones has tenido para dejarte perder? Pensarás que preferirías la esclavitud a la soledad, o el poder del adonis a la humildad forzada de quien no se come un rosco. Estás equivocado. El destino te ha hecho el gran regalo de una vida para ser virtuoso, para buscar tus metas por caminos más tortuosos pero de mayor gloria que las sendas allanadas de quien cautiva con su mera presencia.

“Casamiento y mortaja del cielo bajan” nos dicen las viejas y es así de verdad para todos. Seas feo o seas guapo la persona con la que te unirás en una misma carne estaba ahí desde el principio de los tiempos, inscrita en las páginas del guión de Dios. Da lo mismo tu aspecto.

A la importante ventaja de ser invisible y tener una vida destinada al mérito y la virtud se suma que el tiempo corre a tu favor. Siempre, claro, que no mires al pasado y sientas nostalgia de haber tenido los fáciles triunfos de los guapos, notarás que estás en el mejor momento de tu vida y que esas canas, esas arrugas, en ti son carácter y en quien fue bello son muchas veces problemas. La calvicie, el abultamiento del talle, no son una ruina sino el florecer de una nueva belleza más acorde con aquel dicho de “el hombre como el oso cuanto más feo más hermoso”.

Por último, y dejando por anotar muchas más ventajas, la fealdad te libera del engreimiento, de la vanidad, de la presunción y el exceso de orgullo y te abre la puerta de la creatividad para expresarte en tu estilo de forma más libre y auténtica. ¿Quién tiene más personalidad, quien es más genial: Groucho Marx, Woody Allen, Paul Newman o Mel Gibson? ¿Ha habido algún gran hombre en la historia que haya sido guapo? Desde luego que muchos tipos calificados como feos lo han sido.  

Más allá de estas ventajas inmediatas se esconde el hecho de que la fealdad no existe en nosotros, como no existe la muerte propia. Mueren los otros, son feos los otros, al igual que son guapos los otros. Nosotros pasamos por la vida ciegos a nuestros dones. Tú no eres feo, sólo necesitas quererte más y sentir que la llamada belleza no es más que una convención social que muda con el tiempo. Pero mientras sigas sintiéndote feo o sigan haciéndote sentir feo piensa al menos en los males de los que te estás librando.

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ESCRITO QUEBRADO POR LOS ACONTECIMIENTOS

Iba a titularse VA DE MACHOS

Cansado de mirar por la calle gentes con el alma metida en la cuenta recuerdo una voz, un personaje, un señor de grandes barbas y sombrero ladeado, Jorge Cafrune. Él, como Atahualpa Yupanqui, como Facundo Vargas, como el mejor cante jondo me devuelven al mundo de los hombres de verdad, a un mundo con aroma de picadura de tabaco, de sobaquina y ropa blanqueada al sol.  Hombres de miembros nervudos como las raíces de una hiedra, con voces potentes y susurrantes, sin afección ni efecto.

No fueron estrellas sobre un telón de luces, no alimentaron historias banales, sus vidas fueron como de roca tallada, ni tan siquiera brillantes, tan solo esculpidas en la piedra viva que aflora en el desierto. Me refresco el sentido en sus palabras, en aquel oficio que fue cantar, que fue tañer la guitarra con el calor que da un vino amigable.

Todo esto me trae la imagen de aquellos hombres que nunca oí cantar y que pasaban las horas, el cayado entre las piernas, esperando ver pasar al forastero. Mirando el muro de los días que pasan de un hilo lejos de las ondas televisivas. No faltaba en ellos un buen humor que les hacía mirar las sacudidas de la vida con la paciencia de un amargor pasajero. No puedo decir de ellos que fueran felices o que fueran buenos, no eran personajes de comedia, drama ni tragedia, tan sólo puedo decir que eran auténticos en su forma de ser tradicionales.

Vamos de machos, pero hay que volver la vista atrás para saber cómo debemos ir. Hoy los modelos para el hombre son fantasías femeninas o sueños de niños hechos realidad. Entre la exhibición andrógina y el mal gusto. Vemos por nuestras calles tipos hirsutos en paños menores o vemos adolescentes de treinta años de piernas y pecho depilados luciendo figura. ¿Dónde han quedado los hombres de panamá y guayabera, de pijama a rayas y gafas feas? Tal vez se fueron con la autenticidad de apostar con la vida por una idea.

Han matado a Facundo Cabral. Dicen que no iban a por él, que tuvo la fatalidad de subir al coche de un empresario objetivo de los sicarios. Fuera como fuese Facundo Cabral ha terminado su paso por esta vida como lo hubiera hecho un mártir de la paz, un inocente que derrama su sangre por los demás, un cristiano de verdad. Me quedo con todas sus palabras y, entre ellas, me sosiegan las siguientes:  “Morir es devolver lo que Dios nos confió; es decir alivianarse para continuar ascendiendo en la eternidad”       

 http://www.youtube.com/watch?v=t-v-bn9EjNc

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SABER AMAR

Post reeditado

Sentada en el umbral de una calle oscura Claudia mira a un amigo director de cine con expresión divertida. Él le está explicando el guión de una película, ella está escuchando la confesión de un hombre que se debate inmerso en un sinfín de dudas sobre la vida. Dos veces ella le dirá: Porque no sabe amar, la tercera vez le descubre, Porque no sabes amar. En italiano la frase literal es Porque no sabes amar bien. La escena de 8 y ½, Fellini, Mastroianní, Cardinale, es tan perfecta que cualquier cosa que se diga sobre ella resulta superflua.

Porque no sabes amar es muchas veces la respuesta a los problemas que hacemos surgir en nuestras vidas. A veces el descreimiento es peor, como decir que el amor es un malestar del corazón. El frío que se siente entonces parece salir de la tumba a la que te condenas.

Error común es confundir el amar con el pensar en otra persona. Sin duda amar requiere que el ser amado ocupe no sólo un sentimiento momentáneo que parte del corazón sino la atención de nuestra inteligencia, de nuestro sentido común, pero ¿Es amar pensar en el otro? En Rojo Valentina (Irene Jacobs) declara no amar a un chico que la pretende con un lacónico No pienso en ti , Pero amar no creo que sea simplemente pensar en el otro.

¿Es amar el buen sexo? Pues en este punto la experiencia es que siento amor por personas con las que sé que nunca pasará de un apretón de manos nuestro contacto corporal. La atracción sexual, la obsesión enfermiza con el otro, se ha confundido en nuestro tiempo con el amar auténtico. Este trivializar algo profundo es el origen de muchas de las destrucciones familiares que suceden hoy en día. Sin embargo nadie niega que la atracción sexual es un hecho que distingue el amor más personal del amor de caridad. En este punto todo cobra un giro, al preguntarme ¿Sé amar? ¿De qué tipo de amor estoy hablando, del auténtico que cualquiera debe sentir por sus hermanos, por los animales, por quienes le rodean o del amor que concluye en la satisfacción sexual?

 En otro film de Kieslowsky, No amarás, un chico se obsesiona con una mujer a la que espía. Ella, después de encontrarse juntos, le excita. Cuando él ha terminado de eyacular la mujer, con frialdad, le suelta Esto es el amor. El muchacho intenta suicidarse y ella descubre otra forma de amar, amar bien, terminando así el film.

El amor es pervertido por quienes sólo buscan el sexo. Para ellos el amor es una moneda de cambio y una forma de hacer exclusiva una relación física. En esto los hombres hemos sido unos brutos, y tristemente esta bestialidad está siendo imitada por un número cada vez mayor de mujeres.

 Hace tiempo que pienso en una misma mujer, es extremadamente difícil que comparta un hecho íntimo con ella y sin embargo sé que mi amor por ella es auténtico, tal vez porque no es un objetivo a conquistar. Me pregunto ¿La amo? Me respondo “Sí”, pero no como se ama en esta vida, ni en este tiempo.

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CAMPANAS Y SIRENAS

Cerca del lugar donde duermo toca sus horas un campanario con un tañido de sonido húmedo y desolado. Cuando da las doce de la medianoche me siento arropado por las campanadas, en un recuerdo de niñez.

Ayer, sin embargo, una avería hizo que durante horas el campanario no cesara de tocar con el mismo golpe pausado con el que marca las horas. La belleza de su sonido pasó a ser un ruido insoportable. Y siendo el mismo que no suena nunca más de doce veces, oído cien resultaba una tortura.

Esta mañana necesitaba cambio para el parquímetro, he entrado en un kiosco y he comprado una revista que llevaba un suplemento con las cien mujeres más sexys. Al hojear sus páginas tomando un café he tenido la misma sensación de hartazgo que me produjo anoche mi querido campanario.

Una mirada de cualquiera de las chicas que aparecen en el suplemento quedaría grabada en mi historia, como en la vida de cualquier hombre, como el verso de una canción. Pero verlas hechas los cromos de una afición adulta, las convierte en los pétalos sin vida que guardan los libros viejos. Flores de un día.

La publicidad en nuestra época devora estas flores, las toma frescas, las adultera, la aja y las deja marchitas a un lado del camino. Ellas viven felices, al día, como todos. Que les quiten lo bailao. Es verdad. Sin embargo tengo cada vez mayor gusto en buscar allí donde no alcanza la ambición de ser reconocido o de ganar un seguidor, en esos lugares que no esperan crecer ni acabar, un verdadero aliento que anime a vivir.

En la red tropiezo, sin llegar a caer, en demasiadas trampas preparadas para esquilmarme el bolsillo y dirigir mi vida. Sirenas que cantan a través de los blogs de la moda, de las páginas de las discográficas, de los vídeos-viagras. Pregonan su número de visitantes como quien vende pescado fresco al grito de “Contratadme para promocionar vuestros productos”. Yo, que me siento gato viejo, tomo de ellas lo que necesito en las noches de soledad y manuelas y me da la risa cuando leo sus estupideces.

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VENTANAS SIN CORTINAS

 Los hombres soñaban con poder ver las rodillas de las mujeres. Conocer un centímetro por encima del tobillo podía ser una audacia. Como decía Berlanga la represión es un estímulo sexual fantástico. Ahora hay poco espacio para la imaginación. Las minifaldas, minishorts, los tops, un día en la playa, son como un chorro de impresiones que nos deja atontados a los hombres. No es necesario fantasear, todo lo que fue sugerente es ahora evidente.

Hace no demasiado tiempo conseguir saber dónde estaba la chica que te gustaba, si tenía alguna relación, sus rutinas… te obligaba a horas de espera, de vigilancia, de indagaciones. Ahora abres Twitter o Facebook, la buscas o gugleas – toma verbo nuevo -  y puedes saber hasta el número de zapato que calza y dónde está tomando su última caña.

Las ventanas sin cortinas son a menudo escaparates. Qué pretende quien decide vivir en una casa con techo de cristal ¿Emular un personaje de Gran Hermano? Tal vez. Pero la sensación es que aquello que no se oculta es a menudo una ficción.   

El fenómeno de los fan, de los seguidores, alimentado por las redes sociales, es otro síntoma de la mayor soledad de nuestra sociedad. El personaje seguido, admirado, quien pretende llegar a serlo -¡Qué cantidad de chiquillas que quieren vivir de poner la cara!- hace de su vida un culebrón y genera situaciones, momentos, que resulten especiales al rebaño de sus seguidores. Se abre así una trampa para cazar voluntades y “producir” ventas, un nuevo medio de manipulación mercantil.

Twitter ha retirado las cortinas de muchas ventanas y con ellas la magia de una realidad íntima. Aunque algunas cortinas han resultado ser el telón del escenario de un teatro. Al igual que hace unas décadas se desnudó el cuerpo ahora le toca el turno a la intimidad cotidiana, sin embargo ¿Quién podrá desvelar los verdaderos secretos de un corazón?

 

 

“Morning Sun”, Edward Hopper, 1952

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EDURNE Y LOS INDIGNADOS

Que la cantante y actriz Edurne perdiera en la final de MQB por no tener los suficientes votos telefónicos fue considerado por la mayoría de  los españoles una injusticia. Es el sistema mayoritario: gana quien más votos tiene. Algunos críticos de las alianzas políticas han llegado a pedir que este sistema anglosajón se implante en las elecciones españolas para evitar los pactos de gobierno. Manda quien más votos tiene. Pero claro la segunda parte de este asunto es la idoneidad del candidato vencedor: ¿Edurne o Belén Esteban?

En esta tesitura surge el descontento. Porque muchos son los fans de Edurne ¿Pero qué tiene realmente de valor esta chica? Pues como muchos políticos no tiene otra cosa que su “buena presencia” y sería como aquéllos merecedora de una gran cantidad de votos sin fundamento. Ahí radica una de las principales razones que justifica la crítica a este movimiento de los Indignados que al final no será más que una vacuna del régimen actual para protegerse de un auténtico movimiento reformista. Como mucho pueden operarse los pequeños cambios necesarios para que todo siga igual (Cfr. Lampedusa).

Al igual que se percibe en esta movida lúdico festiva de los indignados una falta de sustancia y de gravedad Edurne, Edurne García, no es especial en nada salvo en ser ella misma. Como autora musical, al igual que los indignados, carece de fuerza interior, de ese poso que da la vida y sus golpes. Protagoniza vídeos “muy parecidos” al de otras sex symbols (P.e. Beyoncé o J.Lo), los indignados son también una mala copia,  y cuando hace un pinito como actriz pues tiene su gracia pero resulta evidente que su capacidad interpretativa no está trabajada.

En el cortometraje “El Cruce” nos sorprende por el papel que encarna, pero no deja de tener uno la impresión de que el director del film quería dar a conocer su opúsculo cinematográfico a cualquier precio y éste fue poner a Edurne en su reducido reparto. Dada la pobreza argumental del trabajo la chica no queda ni mal ni bien y el autor del corto, como un indignado más, ofrece mucha planta pero da poco fruto.

Me quedo con la Edurne sencilla, de mirada profunda y mesmérica, que me serena al anochecer. ¿Cuándo descubrirá esta chica que su talento está por encima del juego morboso de interpretar a la niña cándida que acontece en stripper o mujer de la calle? Espero que pronto,  porque la vida nos empuja a la autenticidad y quien se resiste se convierte en una figura de cera. 

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PEQUEÑAS LECCIONES DE LA NATURALEZA

 
¿Alguien sabe el nombre de esta planta?

En esta época del año nos sorprende la naturaleza dando de nuevo la vida y el verdor a los leños que el invierno parecía haber arrebatado el alma. Hace unos meses encontré en el terrado de una vieja casa abandonada una planta cargada de flores tan espectaculares y arracimadas que parecían monstruosas. Nadie la cuidaba, sólo recibía el agua de la lluvia, de tal manera que al descubrirla tuve la sensación de hallarme ante un hecho milagroso. No sé el nombre de la planta, tampoco me he preocupado en buscarlo. Pude trasladar la maceta a mi casa, manteniendo la misma orientación al sol del levante y regándola para que superara mejor el cambio de lugar.

Este invierno una helada quemó la planta, a parte de un jazmín, una buganvilla, los geranios… y mientras éstos empiezan a verdear tímidamente en unas pocas semanas la planta que arrebaté al mundo desconocido de una casa cerrada ha renacido en un precioso ramo de flores.

 Tal vez la esperanza en una vida más allá de nuestra muerte nazca en la experiencia humana de asistir cada primavera a un volver a nacer: la Pascua Florida,la Pascua de Resurrección. Si no se tiene esta esperanza puede ocurrir que echemos al fuego el leño en el que latía una nueva vida. Me sucedió hace unos años con el primer ciclamen que tuve. Al llegar el verano y morir sus hojas y flores creí que había enfermado y tiré a la basura su bulbo sin saber que al llegar el otoño volvería a rebrotar.

Unas semanas atrás tuve la inmensa alegría de tocar la yema que había salido en una pequeña estaca de vid que había sacado de una cepa con unas pocas raíces y que había plantado en mi jardín. Ahora me falta conocer dentro de unos años sus frutos.

Qué ilusión ver brotar una pequeña estaca transplantada
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BLOG: Síntoma de una enfermedad social llamada soledad.

La mayoría opinará lo contrario, que los blogs son un medio actual de relación, resultado de las innovaciones tecnológicas, la red, y que es un progreso en la divulgación de ideas.

El fenómeno de los blogs, de individuos que se han dado en llamar bloggers, encubre un mecanismo de actuación basado en la soledad que siente un número cada vez mayor de personas que habitan tanto en sociedades urbanas como rurales.

Convertirse en el seguidor de un blog, de la persona que lo protagoniza, es similar a tener un animal de compañía con el propósito de hacer que algo vibre en nuestras vidas. Al levantarnos acudimos a mirar el acuario, la jaula, la cesta, para ver qué está haciendo nuestra mascota. Del mismo modo, con una ilusión parecida, entramos en un blog para saber qué novedad nos ofrece el personaje al que “seguimos” – eso de “followers” que he visto escrito en algún blog español me rechina un poco -, leer una última entrada o comentario. Quienes escribimos un blog personal como este Diario del Laberinto entramos cada día esperando encontrar un comentario, una visita, algo que nos indique que no somos un espíritu invisible en la red sino que “pasan cosas” en nuestras vidas.

En esta sed de respuestas surge el peligroso juego de buscar reacciones y de confundir la realidad.        

Personalmente basculo entre dos posiciones. La que más me ayuda es la de considerar esto de los blogs y las redes sociales como un mero pasatiempo y sin esperar nada lanzar al aire pensamientos e imágenes que surgen en mi vida. La otra es la del comentarista compulso en cualquier blog con el ánimo de que alguien pinche sobre el enlace a este Diario y ver que las visitas del día pasan de ser cero a ser cuatro. Peor aun es pensar que un Blogger puede sustituir el encuentro real con un ser de carne y hueso.

En el paroxismo de esta ilusión he llegado a felicitar el cumpleaños a una Blogger, a la que mandé un obsequio. Saludar a un caminante desconocido con el que nos cruzamos en una senda es mil veces más auténtico que el juego de comentarios y respuestas de un blog.

Concluyo. ¿Qué hay detrás de la mayoría de los blogs? Un deseo de poder y dinero por parte de quien lo conduce, mediante el sistema de a mayor capacidad de convocatoria mayor eficacia del canal de venta o de influencia sobre un colectivo. Puro marketing o proselitismo. ¿Qué motiva para que la gente se “enganche” a una red social o a un blog? La necesidad natural de relacionarse con el mundo. En una sociedad en la que cada vez hay más medios para relacionarse la gente se siente, paradójicamente, más sola e inventa formas más complejas y falsas de tener “amigos y seguidores”.  

     

 

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TRENCACAPS

Los raros solemos vernos solitarios por los caminos. Somos siempre los mismos. Alguien puede pensar que sería fácil ir juntos pero los raros estamos hechos para la distancia.

Este Domingo de Resurrección emprendí un nuevo viaje a un andurrial cercano que intuía especial. Andaba yo perdido de nuevo en el laberinto, meditando acerca de cómo el mayor problema de una vida es quien la vive y de que es más fácil allanar una montaña que limar un carácter cuando empezaron a surgir a mi paso pequeñas maravillas resultado de la mano del hombre, de la naturaleza y del azar.  

Una imagen paradójica de nuestro sinsentido son las grandes casas con decoraciones que antaño fueron estilo y cuya propiedad ha quedado olvidada en el cajón de alguna mala administración, casas que se van perdiendo vencidas por la gravedad y que sin embargo guardan junto a ellas el testimonio de un gran árbol para recordarnos lo efímero de nuestros desvelos.

Como este almezo de tronco bañado en brillante oscuridad

Donde un hombre abrió la ventana que enmarcaba un bello paisaje la historia ha puesto la escandalosa hipertrofia de nuestra urbe. En el vano de un muro se perfora el tiempo que dista de nuestra impresión a la de aquél que cerró a cal y canto un espacio para contemplar.   

Acariciar las hojas nuevas de un nogal me resultó tan placentero como poner en mis manos la suave tela que ciñera un talle femenino. Los raros tenemos estas cosas. Con esta alteración de los sentidos la aparición ante mis ojos de un gigantesco roble, señor absoluto de un jardín rodeado de pinares, fue el colofón perfecto a otra de mis extrañas derivas.

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SER FEO Y TENER ESTILO

El siguiente post fue publicado en la primera época del Diario. La aceptación de algunos de los textos de esta etapa hace que crea interesante editarlos de nuevo y de forma puntual.

 

SER FEO…

 Ser feo es una convicción personal. Aunque objetivamente es evidente que hay personas feas y personas bellas, es también evidente que la fealdad se acentúa cuando se interioriza y que a veces se difumina con una forma de ser más propia del guaperas tontito o del atractivo interesante que del mosquito muerto que pide perdón por no ser guapo y estar en este mundo dominado por creídos de ser bellos.

 Por ejemplo, Javier Bardem o Adrien Brody, no tienen belleza, sin embargo su personalidad eclipsa esa ausencia y la convierten en una belleza personal, única y peculiar. En cambio muchos feos con los que trato, incluido yo mismo, llevan en su interior la herida mal cicatrizada de haber sido marginados por un rostro de rasgos imperfectos o mal proporcionados. A menudo es un complejo que oculta un problema de carácter, pero lo cierto, por experiencia propia, es que no ayuda a relacionarse con los demás saber que no se es del agrado, inmediato, visual, de los demás. No hace mucho estaba yo haciendo estiramientos antes de correr junto a una vía verde y al pasar unas chiquillas oí que se decían “Qué feo…”, desilusionadas porque mi rostro no se correspondiera con el de un adonis deportista. Al final te lo tomas con humor pero te hace recordar malos momentos del pasado, y me hace ver que ahora mismo, en estos momentos, hay muchos chicos y chicas que están empezando a vivir, a relacionarse, y se sienten desgraciados por no ser aceptados en la sociedad debido a su aspecto. La historia es muy vieja, tanto como la humanidad, pero da la sensación de que cada vez se margina más al feo, al raro, al diferente y después encuentras hombres y mujeres de cuarenta años que siguen llevando en su interior el estigma de este rechazo.  

          Los anuncios de ofertas de trabajo que demandan buena presencia a los candidatos encubren que el puesto irá seguramente a parar a la más guapa o al de mejor planta. Comercios, televisiones, empresas en general, prefieren emplear a una chica competente y que agrade a la vista que a una chica meramente competente. Esa es la lucha de hoy en día.

 …Y TENER ESTILO

          Sí, ser feo y tener estilo. No son cosas reñidas ni mucho menos y a veces sucede que aquellos que carecemos de cualidades naturales intentamos mejorar nuestra imagen siendo más cuidadosos en nuestro estilo de vestir, o incluso de vivir… No es verdad absoluta lo de “aunque la mona se vista de seda mona se queda”, porque no es cuestión de qué seda se lleva, sino de cómo se lleva. Hay que ser un poco consciente de que se es una mona, o un mono, para saber qué nos hará mejorar nuestra apariencia… no se debe hacer lo que ayer vi ante mí en un semáforo: una niña, bonita de cara, pero obesa, que llevaba unos “shorts” por la ingle, mostrando unos muslos con una celulitis terrible. Con una falda más larga habría estado más atractiva. Confundió vestirse como las chicas atractivas con ser atractiva.

          Son muchos los ejemplos de feos con estilo: Humphrey Bogart, Edward G. Robinson, James Cagney, John Williams – el que salía en papeles secundarios en las películas de Hitchcock-, cantantes como Brian Ferry, o personajes más actuales como los citados Javier Bardem o Adrien Brody, o un sinfín de famosos desde Jaime de Marichalar a Ana Aznar, personas de escaso atractivo físico que han desarrollado, a veces demasiado, un estilo personal que los distingue. 

          Queridos amigos feos, abandonad los complejos, evitad la vanidad que pierde a los que se creen guapos y cread vuestro propio estilo con sentido común y buen gusto.

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EL VELO QUE NOS CUBRE

Nos empeñamos en ocasiones en acontecer como personajes y en esta intención tan natural y digna como la de un pavo real o una ninfa hacemos que nuestra presencia sea un paño de trama bien tupida en vez del velo transparente que mueve el viento y tamiza la luz.

El temor es hacer el papel del tipo ridículo en la escena de nuestras calles. A mí me pasa a menudo. La causa es habitualmente una mala interpretación de los consejos que por doquier nos llegan acerca del modo en que podemos expresarnos a través de nuestro estilo de vestir.

Es parecido a seguir una receta de cocina y carecer del gusto necesario para saber si hemos añadido poca o demasiada sal. La imaginación nos sustituye por la muñeca de plástico de un escaparate sin reparar en que nuestro ser desprende algo más que una ilusión óptica, la imagen no es un espejo fiel del alma pero del mismo modo que la música nos hace sentir una emoción, la visión de una persona nos puede conmover o nos puede aterrorizar, o dejar indiferentes y transmitir una forma de estar en el mundo.     

Toda esta parrafada retórica viene a cuento del fenómeno social que es la moda y de algunas apariciones urbanas protagonizadas por veinte añeras que me resultan simpáticas por ser pura poesía sobre el muro gris de la cotidianeidad pero que en ocasiones encubren – a veces intencionadamente- el espíritu de la mujer que me admira.

Cuando la belleza de esta mujer es radiante, interior, es una fuerza que anula todo lo accesorio, pero cuando no es así la sofisticación, aunque sea en pequeños detalles, nos resulta un apetitoso anzuelo para los hombres.   

El auge de la moda florece en los lugares más insospechados, como en la pequeña vivienda situada junto a un polígono industrial de la imagen que tomé este pasado verano en Muro de Alcoy.    

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INTERIORISMO DE LA POBREZA

 

 

  

Los escenarios de la pobreza adquieren un significado original, genuino, que los hacen cercanos a la contestación de un modo de vida. En una de estas casas a las que por razón de mi oficio suelo entrar quien vive no suele mostrar el pesimismo de hallarse en la indigencia si no es para pedirte que le des algo. Se llega a percibir en ellos una libertad de vida cercana a la de un rebelde, un echarse el mundo por montera y estar de vuelta de todo. Sin embargo en la cuadrícula de la sociedad urbana ellos ocupan las casillas de la marginación. Esta es una visión que mediante las tres imágenes que traigo aquí pretendo encuadrar con el mismo marco con el que los pintores costumbristas del siglo XIX nos dejaron las bellas escenas pintorescas de las clases populares de los pueblos de España.

Sin embargo detrás de la escena pintoresca que hoy hemos actualizado en instalación, ready made duchampiano, o fotografía de denuncia social, no deja de latir una angustia que por ser la del otro siento menos que la mía. Historias reales de personas sin trabajo, enfermas, con hijos, con deudas que no pueden pagar, separadas, aplastadas por los días de precepto del consumo: navidades, días del padre/madre, san Valentín, las rebajas…

La frase: hay gente que muere de hambre, de tan oída parece haber perdido el sentido. Parece que aquí nadie muere de hambre. Puede ser. Pero y ¿Si hay una persona, sólo una, que por vergüenza no pide ayuda, que no puede comprar el alimento que necesita, que mira a su alrededor y no ve otra cosa que la falsa alegría de una última compra?. Un desasosiego se apodera de mí cuando imagino la realidad de que en algún lugar hay de verdad alguien que hoy no puede comer.

Los hogares de la marginación que suelo retratar son a menudo el poso de las modas, de la constante renovación de cosas inútiles, te encuentras ropa, muebles, televisores, que han ido sacando de los contenedores de basura. No renuncian a la constante de disfrutar nuevas cosas como el mayor consumidor pero se surten de la rueda imparable de innovación-mercado-superación-deshecho.  

 

 

 

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LA CHIMENEA DE GOGOL

Una de las novelas que suele venirme a la mente porque nunca podré terminar de leer es Almas muertas de Nikolái Gógol. Diez días antes de su muerte, a los 42 años, quemó la segunda parte de la obra. Dicen que en un arrebato místico, después de estar rezando durante horas.

 Fuera por el motivo que fuera el hecho para la Historia, el hecho ejemplar para todos quienes tenemos la santa ocurrencia de escribir es que Gogol tuvo la decisión, la voluntad, para destruir páginas y páginas de trabajo, para quemar un tiempo de su vida que debió sentir como fracaso. El mismo lo explica así:

      Ha sido muy duro para mí quemar una obra que me había costado cinco años de trabajo duro, y de la que cada línea me había causado una conmoción (…) ¡Agradezco a Dios que me haya dado la fuerza de obrar así!

 La chimenea de Gogol debería estar siempre encendida, dispuesta a devorar con sus llamas la cantidad ingente de palabras que brotan sin un buen sentido. Es el acto sublime de un auténtico creador destruir su obra. Me temo que el agrado del público es cada vez más barato porque el público – pastilla de plastelina moldeable – tiene menos criterio, y contento el autor con el pan que le dan poco le importa su propia opinión acerca de la calidad del poema que da a luz.  

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PALABRAS DEL TIEMPO

Cuando el hombre fue desterrado del Paraíso el diablo le gastó la broma de atarle una cadena al brazo, un hermoso juego de eslabones, que el hombre no podía dejar de mirar. Se encontraba con otro hombre, también errante por la tierra después de verse desnudo, y hablaban sin preocupación hasta que el diablo tiraba de sus cadenas y los hombres, como autómatas, miraban los hermosos brazaletes de sus muñecas e interrumpían su diálogo, porque no tenían tiempo. El reloj, un castigo sutil.

Comer del fruto prohibido nos condenó a vivir en la dimensión del Tiempo. En sí “los desterrados hijos de Eva” no somos sino gentes sometidas al yugo del correr de la vida.  La Muerte, tantas veces representada con el reloj de arena en sus manos, se yergue como una amiga siniestra que libera nuestra existencia de este yugo al que nos aferramos.  

El Tiempo, desde aquélla pérdida del Paraíso, estuvo siempre ahí, en la sombra de un árbol que cada día se alarga, se gira, se esconde, se estira en el suelo al atardecer; en la Luna que se llena agujereando el cielo y en el almendro que florece. Más tarde, mucho más tarde, el tiempo se hizo oír en el tañido quejumbroso del Ángelus, de las Vísperas, de los Maitines, en el toque pausado y solemne del alma que dejó un difunto.

Miro la caja donde guardo los relojes que se fueron parando, las grandes esferas de un logro para aquellos abuelos míos que conocieron la época en que el trabajo dejó de regirse por el Sol para hacerlo por la convención asumida de un horario. Dejaron la labor de la tierra y en ella otra forma de sentir el tiempo, el tiempo de la luz y de los aromas, de las lunas y las noches.

No llevo reloj. Tal vez reivindico con la desnudez de mi muñeca la libertad de no ser esclavo del horario. Sin despertador, sin que otra cosa que no sean mis tripas me digan cuándo es el momento de comer. Por otra parte qué es la rutina sino la interiorización de un reloj.  

Falta poco para que la extraña dictadura del reloj haga de nuevo alarde de su poder haciendo que media humanidad tenga que cambiar su rutina, como si pudieran mover la ruedecilla de unas manillas para tener apetito y ganas de despertar a la hora en que les han dicho que pueden comer y dejar de soñar. Es de las cosas más admirables de nuestro tiempo, nadie parece estar de acuerdo con las ideas de su vecino, pero si les dicen que han de retrasar sus relojes una hora se ponen de inmediato a alterar de forma tan importante su ritmo de vida para evitar el desconcierto. Todavía es más divertido oír la expresión “Nos regalan una hora”, como si el tiempo fuera de alguien.

Y en eso que dicen que el tiempo lo cura todo, más bien es su final el que todo lo acaba y hace perfecto, incluso el Amor. Porque ¿No es la vida, con la mesura de sus horas, otra cosa que la mayor prueba que se nos hace para conocernos como amantes?

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NO HAY CORREO

Hace años que esperan una carta. Todos pasamos la vida esperando una carta, una respuesta. La vida pasa dejando que nos olvidemos de esta esperanza.

Bandejas de entrada, buzones de voz, son nuevas versiones del vacío que antaño sólo colgaba de las paredes de las entradas a las casas.

En el desierto de la soledad, en la isla de Robinson, se esperan mensajes en botellas de cristal transparente, señales de que no somos una casualidad del destino sino la idea de Alguien.

Palomas mensajeras que no os posáis en mi balcón, os veo volar llevando palabras de amor. El buzón está vacio.  

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¿PUEDE SER EL CERO UN NÚMERO POSITIVO?

Esta cuestión es, en muchos momentos, la tristeza del parado. Primero está el hecho de que la sociedad en la que vive anda sobrada de gente útil, de hecho está tan mal estructurada que son los más inútiles quienes tienen mejor cabida en ella. Siente que  el tiempo pasa mientras se devana los sesos para encontrar su camino. Entonces brota la cólera.

Como un fuego abrasador un sentimiento de injusticia invade poco a poco la voluntad del desempleado, se siente despreciado por el tiempo que le ha tocado vivir y va creciendo en su interior el resentimiento hacia todo aquello que le rodea. La sociedad, sin embargo, le asfixia, porque no acepta su queja, le dice que no es positivo, que tiene que ser optimista.

Sí, fue optimista el primer año después de perder el empleo, pero ahora se siente como un cero más en la cifra de parados, un cero más en la masa de consumidores que no tienen la oportunidad de producir. Entonces la cólera busca dónde escampar como un viento fuerte que busca su salida al aire y el parado se pervierte en un vándalo. Si es todavía un joven inmaduro arremete con el mobiliario urbano, con los coches que él no puede permitirse, si es un tipo más pacífico clama en los blogs-gominola de fresa, pero después sigue sintiéndose insatisfecho por no tener una vida “como los demás”.

En este último punto me encuentro ante una segunda pregunta: ¿Qué da valor a nuestras vidas? Si el valor de nuestras vidas se mide en términos de producción y consumo, efectivamente es fácil sentirse un cero absoluto. Algunos, pobrecillos, creen que si siguen corriendo en la rueda del consumo están haciendo algo de provecho, mientras aumentan sus deudas o esquilman sus ahorros. Tenemos que hallar el valor de nuestra vida fuera de este sistema, no tenemos otra solución.

Hay que dejar de consumir la mayoría de cosas que compramos para sentirnos más “normales” en la sociedad y encontrar nuestro lugar, que tal vez no esté en el mercado laboral – ¡qué expresión!­­­- ­sino en la ayuda a los necesitados o trabajando en el medio rural, lejos de la máquina urbana. Tal vez de este modo, que ofrece un sinfín de posibilidades, sintamos que nuestras vidas tienen más valor y sean positivas. No porque nos intente convencer de ello un sistema perverso sino porque realmente lo sean.

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EL ÉXTASIS DE OSTIA

“Si hubiera alguien en quien estuviera acallado el alboroto de la carne, en quien estuvieran silenciadas las imágenes de la tierra, de las aguas y del aire; si callasen los cielos y callara el alma misma, remontándose sobre sí, no pensándose; si callaran los sueños y las revelaciones de la fantasía; si callara, por último, toda lengua, todo signo y todo cuanto nace para desaparecer… Si hubiera alguien para quien todo callara en su totalidad… Porque si alguien aplica el oído, todas estas realidades le están diciendo: No nos hemos hecho a nosotras mismas, sino que nos ha hecho el que permanece eternamente.

            Y si, dicho esto, todas las cosas se quedaran calladas por aplicar el oído hacia aquel que las creó, para que hable él solo, no por conducto de ellas, sino por sí mismo, de modo que oyésemos su palabra no articulada por lengua carnal, ni por voz de un ángel, ni por estampido de una nube, ni por enigma de parábola, sino que le oyéramos a él mismo, a quien amamos en estas cosas… si le oyéramos a él mismo en directo y sin intermediarios, al igual que ahora nos lanzamos y, con la rapidez del rayo, tocamos con el pensamiento la sabiduría eterna, que permanece sobre todas las cosas… Si, por último, este estado se prolongase y fueran difuminándose todas las otras visiones de rango inferior, y ésta sola arrebatase, absorbiese y zambullese a su contemplador en los gozos más íntimos, de modo que la vida eterna se pareciera a aquel momento de intuición que nos hace suspirar… ¿no sería esto el entrar en el gozo de tu Señor? Pero ¿cuándo se realizará esto? ¿Será cuando todos resucitemos, aunque no todos seamos transformados?”  

             Este texto pertenece a uno de los pasajes más bellos del libro de San Agustín Confesiones –Ed. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 2000-. Asomados a un jardín, apoyados en el alféizar de una ventana, Agustín conversa con su madre Santa Mónica. Falta poco para que ella muera y madre e hijo mantienen un diálogo de una hondura que traspasa el telón del mundo y alcanza a descubrir la realidad donde “hoy es como ayer y como será siempre”.

            Qué contraste tan grande ofrece la relación de San Agustín con su madre respecto al tipo de relación materno-filial que inculca el espejismo hipnótico del televisor. Qué lejos está de la verdad el modelo que se nos quiere vender. Como si ser madre fuera un tiempo no una naturaleza, como si los vínculos madre-hijo tuvieran caducidad. Parece que la única relación posible sea la distancia con un poso de afecto de manifestación ocasional.

            Cuentan que en los campos de batalla el grito que más se oye es el que llama a la madre.

“A ti clamamos los desterrados hijos de Eva” reza con frase barroca la Salve y en la soledad de este campo de batalla que es la vida los hombres y mujeres miramos a la Virgen, símbolo de esa misericordia maternal, de ese anhelo, presente en tantas culturas y civilizaciones anteriores a la llegada de Cristo.

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